Lunes 13 de Diciembre de 2021 | Matutina para Adolescentes | Tucker Webb

Tucker Webb

“Y dirá el Rey: […] ‘Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron’ ” (Mat. 25:34-40).

El frío se sentía en aquella granja de Texas, cuando el tío Charlie, su hijo Bud y mi abuelo James subieron al automóvil para ir a la ciudad. Como James no tenía madre, vivía con una hermana de su padre y la familia de ella.

El tío Charlie se estacionó cerca de la estación.

–Pasará un tiempo antes de que llegue el tren –dijo–. Salgamos mientras tanto a dar un paseo.

Las luces navideñas brillaban en un par de tiendas, haciendo que la fría noche fuera especial. Ningún niño de la ciudad esperaba muchos regalos navideños, a lo sumo una pelota o un sombrero, una muñeca o una camisa nueva; pero aun así la espera era emocionante. Y el padre de James venía, trayendo la Navidad con él. Su maleta estaría llena de regalos que él mismo había envuelto. Mientras él estuviera allí, el mundo sería estupendo. De repente, unos gritos rompieron el silencio:

–¡No, muchachos! ¡Auxilio! ¡Déjenme en paz, soy un hombre pobre!

–Veamos qué está sucediendo –dijo el tío Charlie, apurando a Bud y a James.

Un grupo de jóvenes había atrapado a Tucker Webb y lo llevaban al almacén cercano. Como tenía un problema en las rodillas que lo obligaba a mantenerlas dobladas permanentemente, la marcha del señor Webb consistía en una extraña cojera con movimientos bruscos y desiguales. Los muchachos jadearon cuando levantaron al hombre y lo sentaron en el mostrador.

–Mira la chaqueta de este hombre –dijo uno del grupo. Luego se dirigió al empleado de la tienda y le ordenó–: ¡Búscale una nueva!

–Mira sus zapatos –dijo otro–. ¡Y esa camisa!

–No me hagan esto –gritaba Tucker–. No tengo dinero para pagar todo eso.

El empleado iba y venía, trayendo una chaqueta, una camisa, zapatos e incluso ropa interior. Mientras tanto, Tucker seguía protestando.

–Bien, muchachos –dijo finalmente el empleado–, esto hay que pagarlo.

Entonces los muchachos sacaron dinero de sus propios bolsillos para pagar aquella ropa.

–Ahora, Tucker –dijo el líder con voz grave–, tienes que darnos un discurso.

Y así lo hizo. Usando muchas palabras floridas de su buen e ilustrado vocabulario, agradeció a los jóvenes por los regalos.

–Tío Charlie –dijo James–, esos muchachos le dieron tremendo susto a Tucker Webb.

–Una broma rara –dijo el tío Charlie entre risas–, pero un gran corazón. Vistieron a quien apenas tiene ropa.

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