Lunes 17 de Octubre de 2022 | Matutina para Mujeres | ¡Siyabonga!

¡Siyabonga!

“Y el Rey dirá: ‘Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!’ ” (Mat. 25:40, NTV).

Hago una pausa para guardar el recuerdo en mi mente como si fuera una foto Polaroid. Cierro los ojos para fijar cada detalle: sus pies descalzos sobre la tierra colorada; su sonrisas, irradiando casi tanta energía como el inclemente sol africano; sus voces, repitiendo al unísono: “¡Siyabonga!” (¡Gracias!) ¿Dónde estoy?

En el Reino de Suazilandia, un pequeño país, sin salida al mar, al sur del continente africano. Cada año, el equipo de ADRA de Inglaterra coordina una colecta a beneficio de un país en vías de desarrollo. En el mes de febrero de 2016, tuve el privilegio de sumarme al grupo de voluntarios y pasar diez días en Suazilandia, distribuyendo las donaciones. ¡Fue una experiencia inolvidable! En Suazilandia viven 1,3 millones de personas. Tristemente, un tercio de la población adulta tiene VIH. Como resultado, cerca de 75.000 niños han quedado huérfanos. Para distribuir las donaciones, visitamos escuelas, orfanatos e iglesias. En cada lugar vimos los ojitos de los niños llenarse de luz al abrir las cajas de regalos y donaciones.

Mientras cargaban las cajas en sua cabezas y andaban por el camino, los escuchamos cantar de alegría: “Akekho ofana nojesu, akekho ofana naye…” (No hay nadie como Jesús, ninguno como él…).

Pero había música no solo en sus labios, sino también en nuestros corazones y en el cielo. En El ministerio de la bondad, Elena de White escribió que “cado acto de justicia, misericordia y benevolencia produce música en el cielo” (p. 330). ¡Imagínalo! Cada ser humano puede ser miembro de la orquesta universal de Dios.

Aun si desentonas al cantar o nunca estudiaste solfeo, tus acciones pueden generar bellísima música celestial. ¡Pero eso no es todo! Nuestros corazones tienden a ponerse en sintonía con la generosidad (armonía) o con el egoísmo (ruido) de nuestras acciones. La solidaridad, el respeto y la generosidad nos hacen vibrar en la misma frecuencia del Cielo. Somos como una cuerda que vibra por simpatía, porque está muy cerca de otra cuerda pulsada. Cuando servimos a los demás y ponemos sus necesidades primero, nos acercamos tanto a los principios del Cielo que nuestro corazón se inunda de música celestial.

Señor, líbrame de ser indiferente y egoísta. No quiero vivir la vida como si se tratara solo de mí y de mis necesidades; como si yo fuera la gran protagonista del universo. Mueve mi corazón con compasión y auténtico respeto por los que más necesitan. Ayúdame a dejar atrás todo prejuicio y a compartir el amor de Jesús.

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1 comentario
  • Querido Padre llenarnos de tu inmenso amor para nosotros poder hacer lo mismo con el resto ayúdanos a poder ayudar a él prójimo en lo que esté en nuestra mano bien sea en oración o ánimo y si es posible en lo económico en tu mano lo ponemos que se tu voluntad usanos con instrumento.🙏🙏💕

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