Lunes 29 de Agosto de 2022 | Matutina para Adultos | Cuando los vientos huracanados golpean

Cuando los vientos huracanados golpean

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Efesios 5:25).

“Amar”, escriben Gayle y Mike Tucker, “es una decisión que tomamos cada día”. A simple vista, esta declaración pareciera ser muy obvia, pero no lo es; porque aquellas promesas que hicimos ante Dios –de amar, honrar y proteger a nuestro cónyuge hasta que la muerte nos separe– debemos renovarlas cada día. El problema se presenta cuando nos sacuden los vientos de la enfermedad y la adversidad.

Cuenta Mike Tucker que un día se encontró con un hombre que había dedicado los últimos diez años de su vida a cuidar de su esposa enferma (35 lemas para matrimonios felices, p. 31). Ella por sí misma no podía caminar, vestirse ni bañarse.

–Cuidar de ella de esa manera –le preguntó Mike–, ¿no lo consumió a usted?

–¡Oh, no! –dijo él, con lágrimas en sus ojos–. Consideré un honor haber estado a su lado cuando ella más me necesitó.

Otro ejemplo ilustrativo lo dio Robertson McQuilkin, al renunciar al cargo que durante 22 años había ejercido como presidente del Columbia Bible College and Seminary, cuando a su esposa Muriel le diagnosticaron Alzheimer (“Living by Vows”, Christianity Today Library). Apenas el diagnóstico fue confirmado, Robertson pidió a la Junta que comenzaran a buscar su reemplazo. Pero entonces los amigos trataron de disuadirlo.

“Ella no sabe quién eres”, le decían. A lo cual él respondía: “Ella no sabe quién soy, pero yo sé quién es ella”.

Cuando, debido a la firmeza de su decisión, la Junta le propuso que trabajara medio tiempo, él respondió: “¿No prometí yo, hace 42 años, que estaría a su lado ‘en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe’? A fin de cuentas, ella cuidó de mí durante estos cuarenta años. Ahora es mi turno”.

Si ahora mismo los vientos huracanados están golpeando a la puerta de tu matrimonio, si las gigantescas olas parecen devorarlo y por tu mente ha cruzado la idea de abandonar el barco, piensa en la promesa que un día hiciste ante Dios de amar, honrar y proteger a tu cónyuge en la enfermedad y en la salud… hasta que la muerte los separe. ¿No es esto, en última instancia, lo que significa amar?

¿No fue también por amor, aunque en una escala infinitamente mayor, que el Señor Jesús murió por ti y por mí en el Calvario?

Capacítame, Padre celestial, para amar como tú me amas. Solo así podré honrar, no solo mis votos matrimoniales, sino también las promesas que hago a quienes amo.

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