Martes 04 de Octubre de 2022 | Matutina para Menores | Delete

Delete

“Antes de la gloria está la humildad” (Proverbios 15:33 u.p.).

Recuerdo cuando por mi nuevo trabajo tuve que aprender a hacer mis seminarios en computadora. Se utilizaba mucho un programa llamado PowerPoint. El primer domingo que me propuse aprender, estuve más de ocho horas sentada frente a la notebook. Una de mis teclas favoritas cuando me equivocaba, ya imaginarán cuál era: “Delete”. Ojalá pudiésemos hacer eso con los otros tipos de errores. Apretar una tecla y… ¡listo!

¡Qué sencillo sería!

Pero en reconocer equivocaciones hay mucho de aleccionador y edificante. Teo tiene una personalidad fuerte, pero posee una gran virtud, sabe pedir perdón ante sus errores, aunque estos no son frecuentes. Está en quinto grado y se esfuerza por ser mejor, día a día. Que pida disculpas cuando de vez en cuando se enoja o empaca lo hace verse grande ante mis ojos de persona adulta. Y como dice el versículo de hoy, es un niño que goza de respeto y honra.

Hay que tener mucha humildad para reconocer nuestras equivocaciones y pedir perdón. La Biblia dice que David era según el corazón de Dios. Tuvo muchos errores, pero se arrepintió y confesó al Señor sus más terribles pecados. Lo increíble es que fueron expuestos en la Biblia. No quedaron en secreto como tal vez le hubiese gustado al rey de Israel, o nos gustaría a ti y a mí que sucediera con nuestras fallas. Tú y yo no estamos exentos de cometer errores. Pero Dios está listo para “apretar delete” y borrarlos. Sí, hay que ser humildes para reconocer y confesar nuestros pecados, pero al Señor le agrada eso.

Existe otro tipo de personas, grandes y niños, que ocultan sus errores. La Biblia es clara y dice que quien no confiesa sus pecados y se aparta de ellos, no alcanzará misericordia. A veces en el núcleo hogareño nos irritamos con facilidad, y por cosas que en otro ámbito ni nos afectarían. También cometemos otro tipo de errores, los de omisión. Nos “olvidamos”, por ejemplo, de agradecer por cosas cotidianas que estamos tan acostumbrados a recibir, que ni una sonrisa de gratitud se nos dibuja en el rostro. Esas sábanas limpitas de los viernes de noche; ese pijama calentito y suave que mamá tiene listo en las noches frías, después del baño caliente. Qué decir de tres o cuatro comidas preparadas todos los días de cada año de nuestras vidas, por esas manos hacendosas…

Sí, la humildad nos mostrará las cosas en las que debemos mejorar a partir de hoy mismo. Serás más feliz y prosperarás como cristiano.

Mirta

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