Martes 07 de Junio de 2022 | Matutina para Mujeres | Sillas agregadas

Sillas agregadas

“Somos tan solo sombras que se mueven y todo nuestro ajetreo diario termina en la nada. Amontonamos riquezas sin saber quién las gastará” (Sal. 39:6, NTV).

“Ahora no puedo”. “Vivo cansada”. “¡Tengo demasiadas cosas para hacer!” ¿Cuántas veces, durante esta semana, dijiste una frase similar a estas? Aunque continuamente nos quejamos del ritmo frenético que llevamos, muy pocas veces tomamos las medidas necesarias para cambiar. ¿Por qué? Porque aunque vivir a las corridas nos cansa, también nos hace sentir importantes e irremplazables. Además, cuanto más rápido vamos, menos sentimos. Estar ocupadísimas es una especie de anestesia que adormece la pena y la soledad. De hecho, estamos tan acostumbradas a vivir así, que hacer nada nos pone nerviosas. Nos llena de culpa. Creemos que necesitamos días más largos, de 48 horas. Pero tampoco nos alcanzarían: colonizaríamos cada espacio de quietud con actividades. No necesitamos más tiempo. Necesitamos más paz.

No nos gusta admitir que elegimos estar ocupadas (más de lo que imaginamos). Preferimos pensar que somos víctimas de las circunstancias. Hace un tiempo leí una anécdota sobre dos pastores —uno joven y uno jubilado— que conversaban acerca de una iglesia. El pastor joven comentaba acerca de cómo Dios había bendecido tanto su ministerio que la iglesia había crecido exponencialmente. Ahora, él se encontraba ocupadísimo atendiendo las interminables necesidades de la feligresía. El pastor jubilado lo escuchó pacientemente, notando que sus palabras daban a entender que él no había tenido responsabilidad alguna por el crecimiento de la iglesia, ni por la excesiva lista de responsabilidades que cargaba.

Entonces, sabiamente le dijo: “No fue solo Dios; tú seguiste agregando sillas”. Nos gusta pensar que no tenemos control alguno, pero seguimos agregando sillas. Cuando nuestro día está lleno, aceptamos otra responsabilidad, creyendo que estar ocupadas nos hace importantes.

“No es difícil decidir cómo quieres que sea tu vida”, escribe Shauna Niequist en Bittersweet [Agridulce], “lo difícil es decidir a qué estás dispuesta a renunciar para poder hacer las cosas que realmente te importan”. Lo difícil es elegir qué sillas vamos a quitar para tener espacio emocional. El verdadero desafío es aceptar nuestros límites, nuestra finitud, como una bendición, y no un castigo.

Señor, hoy renuncio a la idea de que estar ocupada significa ser importante. Enséñame a desacelerar y a recibir tu paz. Quiero hacer espacio para el silencio. Quiero priorizar mi salud emocional. Muéstrame qué cosas no deberían estar en mi agenda para hoy y dame el coraje de quitarlas. ¡Gracias por tu ayuda! Amén.

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