Martes 10 de Enero de 2023 | Matutina para Adultos | “Yo iré delante de ti”

“Yo iré delante de ti”

“Yo iré delante de ti y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce y haré pedazos cerrojos de hierro” (Isaías 45:2).

Juan 4:9 dice: “Como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió: ‘¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?’” ¿Por qué los judíos no tenían trato con los samaritanos? Este conflicto se remonta a muchos años antes de este encuentro de Jesús con la samaritana. Los judíos consideraban que los samaritanos eran racialmente impuros. Por su parte, los samaritanos solo aceptaban los primeros cinco libros escritos por Moisés y no tenían respeto por el templo de Jerusalén. Poco antes del año 9 d.C., siendo Coponio procurador de Judea, durante las fiestas de los panes sin levadura, los sacerdotes decidieron abrir las puertas del templo a medianoche y algunos samaritanos entraron en el recinto sagrado y esparcieron huesos humanos en él. Desde ese momento se les prohibió entraren el templo. 7

En el libro apócrifo Eclesiástico vemos la discordia entre judíos y samaritanos: “Hay dos naciones que aborrezco, y otra más que ni siquiera merece el nombre de nación” (50:25, DHH). ¿Sabes cuáles eran esas naciones? “Los filisteos, en la costa del mar; los edomitas, en las montañas del sur; y los samaritanos, en Siquem” (50:26. TLA). Otras fuentes refieren que comer el pan de los samaritanos era similar a comer cerdo. Definitivamente, la relación entre judíos y samaritanos era de mutuo rechazo. A pesar de ello, Jesús consideraba “necesario pasar por Samaría” (Juan 4:4).

Aunque se conocían tres rutas de Jerusalén a Galilea, y dos de ellas evitaban tener que pasar por Samaría, para Jesús era indispensable entrar en la ciudad. ¿Por qué? Porque para él no hay fronteras ni enemigos. Él vino “para salvar lo que se había perdido” (Mat. 18:11). Y si los samaritanos estaban perdidos, era necesario que el Salvador los visitara con el mensaje de salvación. El movimiento de Jesús no es geográfico, sino salvífico.

Nosotros somos “samaritanos” también; para Dios es “necesario” llegar y transformar nuestra vida. Él nos promete: “Yo iré delante de ti y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce y haré pedazos cerrojos de hierro” (Isa. 45:2). No hay lugar ni corazón tan cerrado que Dios no pueda abrir.

7 Flavio Josefo y William Whiston, The Works ofJosephus (Peabody. Massachussetts: Hendrickson, 1987), p. 478.

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2 comentarios
  • Es una bendición tan grande y bonita alentadora para los hijos de Dios que pasamos x grandes luchas en esta vida Dios les bendiga grandemente x su orientación bíblica

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