Martes 11 de Abril de 2023 | Matutina para Menores | Gracia divina

Gracia divina

“¡El Señor! ¡El Señor! ¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad!” (Éxodo 34:6).

La triste experiencia de la adoración del becerro de oro por parte de Israel pudo terminar en una tragedia mayor de no ser por la gracia de Dios. Cada vez que nos equivocamos resalta la misericordia divina que nos libra de peores consecuencias. Las personas tienden a explicar por qué hiciera cierta cosa mal, pero nada las justifica delante de Dios. Israel dijo que el tiempo que estuvo Moisés en el Monte Sinaí fue la causa de su idolatría. Aarón mencionó que simplemente obedeció a la presión grupal que le ordenó fabricar la imagen.

Recurrir a un ídolo fue decepcionante porque Israel no ignoraba el poder de Dios. En el poco tiempo desde su liberación hasta ese día, Dios se había manifestado dándoles agua, comida, triunfos en las batallas y sobre todo su presencia, cuando escucharon su voz para formalizar el pacto mediante la fiel obediencia a los Diez Mandamientos. ¡Qué lección para nosotros! Entre más conocemos a Dios, más decepcionante es presentar argumentos personales para explicar nuestros errores.

Rápidamente Moisés descendió del monte. Frustrado, arrojó las dos tablas de piedra en donde Dios había escrito su Ley. Mediante ese acto demostró la actitud desobediente del pueblo a las indicaciones divinas. Cuando desobedecemos ocurre algo aún peor que la destrucción de las tablas de piedra. Lastimamos el corazón de Dios, que con tristeza observa cómo algunos de sus hijos se refugian en ídolos creados por una sociedad que lo desconoce. Tristemente, muchos de sus hijos, que conocen su poder, le dan la espalda. La desobediencia implica que ya no estamos tan cerca de Dios, y estamos lejos de su presencia. En consecuencia, vivimos a la deriva espiritual, sin la seguridad de la compañía divina, y nos colocamos en terreno vulnerable en este mundo de maldad.

Aunque el pueblo había manifestado su intención de obedecer (Éxo. 19:8; 24:3, 7), muchos fallaron ante la presión. No es suficiente decir que queremos obedecer, necesitamos obedecer de verdad. A pesar de nuestros errores, Dios es compasivo y tiene misericordia de todos. Solo espera que reconozcamos nuestras fallas y vayamos a él. Entonces nos dará la oportunidad de un nuevo comienzo.

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