Martes 12 de Julio de 2022 | Matutina para Mujeres | Peso de gloria

Peso de gloria

“Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!” (2 Cor. 4:17, NTV).

Mientras escribo estas líneas, una tormenta se avecina. Nubes fieras, cargadas de lluvia, oscurecen el sol de la mañana. Siento que esa tormenta refleja la situación en la que me encuentro. Acabo de perder mi trabajo, debido a la crisis económica que trajo consigo la pandemia de coronavirus de 2019. Lamentablemente, mi situación no es excepcional. En Inglaterra, donde vivo, casi tres millones de personas han perdido sus empleos, y en Estados Unidos la tasa de desempleo es comparable con la Gran Depresión de 1930. Me pregunto, cuando el cielo se oscurece y la crisis nos golpea, ¿cómo podemos continuar confiando en Dios?

Susannah fue esposa de Charles Spurgeon, el célebre predicador inglés del siglo XIX. En Seasons of the Heart [Estaciones del corazón], por Donna Kelderman, leemos lo que ella escribió: “Como un médico mantiene su dedo en el pulso de un paciente que sufre para saber el límite del dolor que este puede soportar, también nuestro Dios sostiene nuestra mano derecha mientras pasamos por los hornos de la prueba, para poder apoyarnos en medio de ellos y sacarnos a su debido tiempo”. Cuando atravesamos pruebas, Satanás nos tienta a pensar que Dios nos abandonó y que las circunstancias nunca van a mejorar. Si creemos estas dos mentiras, el enemigo puede empujarnos por el precipicio de la desesperanza. Sin embargo, por desafiante que sea nuestra situación, podemos tomar coraje viendo cómo Dios guió a otras mujeres en el pasado. La vida de Susannah Spurgeon no fue sencilla. Además de apoyar en sus tareas ministeriales a su marido (quien sufría de problemas de salud y depresión), Susannah luchó con su propia salud y a menudo permanecía en cama para soportar el dolor. Respecto a esta experiencia, Susannah escribió: “Oh, cuán pequeños y livianos parecen nuestros mayores dolores, pérdidas y aflicciones cuando son iluminados por los brillantes rayos de la tierra de gloria […] Así que, alegra tu corazón, pobre y tímido hijo de Dios. No es necesario que veas el camino aquí, porque él ha dicho que te guiará, y sabes que la oscuridad y la luz son iguales para él”. ¡La fe de esta mujer me hace estremecer! No hace falta que veamos dónde o cómo Dios va a guiarnos, sino que confiemos en su amor. El cielo puede cubrirse de nubes y el día oscurecerse tanto como la noche; con todo, nuestro Guía ve claramente el camino.

Señor, gracias porque en los días más difíciles tú me abrazas más fuertemente. Tú ves el camino y me guías, aun en medio de la oscuridad. Gracias porque mis dificultades no durarán para siempre y traerán un gran peso de gloria.

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