Martes 13 de Diciembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Desactivando minas

Desactivando minas

“Esa noche el Señor le dijo a Gedeón: ‘Toma el segundo toro del rebaño de tu padre, el que tiene siete años. Derriba el altar que tu padre levantó a Baal y corta el poste dedicado a la diosa Asera que está junto al altar. Después construye un altar al Señor tu Dios en el santuario de esta misma cima, colocando cada piedra con cuidado. Sacrifica el toro como ofrenda quemada sobre el altar, y usa como leña el poste dedicado a la diosa Asera que cortaste’ ” (Juec. 6:25, 26, NTV).

Renunciar a nuestros ídolos duele. Nos expone. Pero para darnos túnicas de pieles, Dios primero tiene que quitarnos los delantales de hojas de higuera. Como hemos vivido por tanto tiempo con nuestros ídolos, están enterrados en lo profundo de nuestras almas. Son minas antipersonales. Si damos un paso en falso, harán que nuestra autoestima se haga trizas. Por eso, para poder sanarnos, Dios debe mostrarnos la verdadera condición de nuestro corazón; debe exponernos.

Hace poco, un amigo hizo varios comentarios negativos sobre mi trabajo. Obviamente, nadie desea oír este tipo de comentarios. Pero mi reacción desproporcionada, al pensar que mi trabajo era mediocre y al llorar durante veinte minutos en cuanto él se fue, me demuestra que hay peligro que acecha bajo la superficie. La mina antipersonal que el enemigo enterró en mi corazón es el ídolo del éxito profesional. La idea subyacente es que debo ganar mi valor como persona siendo una profesional perfecta; que lo peor que podría sucederme es fracasar.

Sin importar cuántos logros alcance, nunca voy a sentir que son suficientes o, mejor dicho, que soy suficiente. ¡Esta es la trampa del ídolo del éxito! Pero el dolor del fracaso puede actuar como un radar, mostrándome las áreas de mi corazón que aún no he rendido. Si se lo pido, Dios se inclina y comienza a escarbar suavemente. Con sus manos, quita la tierra alrededor de la mina con la precisión de un neurocirujano y la delicadeza de una bailarina. El proceso duele y no es instantáneo. Pero Dios es fiel en completar todo lo que empieza (Fil. 1:6).

Gradualmente, a medida que Dios va desactivando las minas antipersonales, voy recobrando territorio espiritual y emocional. El terreno que era estéril se convierte en un campo fértil (Isa. 32:15). Donde no me animaba a pisar ni en puntas de pie, por miedo a detonar mis ansiedades, hay una pista de danza. Todo se convierte ¡en una verdadera fiesta! (Sal. 30:11).

Padre, te doy permiso para desenterrar y desactivar las minas de mi alma. Aunque el proceso me exponga, sé que los que confían en ti jamás serán avergonzados. Quiero danzar donde antes reinaba el miedo. Quiero recibir tu libertad.

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2 comentarios
  • Oro por que Dios quite de mi alma todo aquello que no me permita estar a los pies de mi señor, y oro por que mis hijos no lleven esas minas que nos destruyen y quitar toda maldición de mi familia por las generaciones venideras. En el nombre de Jesús Amén, Gloria a Dios.

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