Martes 14 de Diciembre de 2021 | Matutina para Mujeres | “Perfectamente uno”

“Perfectamente uno”

“¿No habrá algún remedio en Galaad? ¿No habrá allí nadie que lo cure? ¿Por qué no puede sanar mi pueblo?” (Jer. 8:22).

La vida en sociedad es un tejido de relaciones dinámico e intermi­nable. Cada niño, cada joven, cada adulto, cada anciano, cada hombre y cada mujer teje con puntadas de diferente manera; sin embargo, cada una de ellas es indispensable y necesaria. Los niños aportan inocencia, curiosidad y juego; los jóvenes proyectan vigor, alegría y visión de futuro; los adultos representan la madurez, la serenidad y la cordura; los ancianos son modelos de sabiduría, experiencia, contemplación y calma; los hombres enfo­can la vida con natural asertividad, y las mujeres miramos la existencia desde la sensibilidad, la amistad, la comunicación y el amor. Todos juntos represen­tamos el carácter de Dios. ¡¿No es maravilloso?! Ya lo creo que sí.

Cuando permitimos que esta maravilla ocurra, la vida en este planeta se humaniza y todos alcanzamos la autorrealización personal. Este es el método de Dios para una existencia armoniosa y satisfactoria. Entonces, ¿por qué nos resulta tan difícil la convivencia? La razón es simple: el egoísmo humano nos ha hecho distantes, egocéntricos, solitarios e indiferentes. Los hijos claman por el amor de sus padres y los ancianos suplican por un poco de cuidado de sus hi­jos adultos. La algarabía de los niños molesta a los mayores y los niños sien­ten aburrimiento ante el sosiego de los abuelos. Las mujeres desmerecen a los hombres y los hombres abusan de las mujeres. El panorama parece desa­lentador, pero no es imposible de cambiar.

¡Hay bálsamo en Galaad! Es inagotable y está a nuestro alcance. El tejido social está roto, pero no irremediablemente. Comienza en tu hogar a zurcir, coser, tejer y reparar las relaciones rotas con hilos de bondad, comprensión y perdón. 

Disfruta la presencia de los niños, la ensoñación juvenil, la cautela y la auto­ridad de los padres, y el paso lento de los abuelos. Sobre todo, goza la pre­sencia santa, sanadora y redentora de Cristo Jesús. Y recuerda que la relación armoniosa entre todas las personas genera un círculo de confianza y herman­dad que hace de este mundo un lugar mejor. 

Jesús dijo: “Que sean una sola cosa, así como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno, y que así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas como me amas a mí” (Juan 17:22, 23). Amén.

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