Martes 25 de Octubre de 2022 | Matutina para Menores | Vanidad de vanidades

Vanidad de vanidades

“Vanidades de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2).

Catalina tomó las tijeras. “¡No aguanto más!”, pensó. Aunque el espejo reflejaba todo su rostro, Catalina solo veía lo que odiaba: sus trenzas. Su madre las hacía con amor, pero para ella eran cosa de bebés. Se desarmó las trenzas, y dudó. A su padre le gustaba su cabello largo. Su mamá le decía que, aunque estaba de moda el cabello corto, su cara se veía mejor así.

–Además, no olvides que tus trenzas una vez te salvaron de ahogarte.

Sin embargo, con un par de tijeretazos, Catalina vio caer grandes mechones de su cabello al piso. Se lo había cortado a la altura de las orejas. Sentía la cabeza muy liviana, pero el espejo dijo la verdad: ese corte no le sentaba bien.

Se había asegurado de que sus padres no la verían antes de ir a la escuela, pero al llegar a clases, las burlas de sus compañeros no faltaron. Su mejor amiga la miró horrorizada:

–¡Catalina! ¡Tu hermoso cabello! ¿Por qué hiciste eso? Al menos, ¿por qué no fuiste a la peluquería? Cuando llegó a su casa, todo fue como se lo había imaginado. Su padre casi no le habló, y su mamá le preguntó, con tristeza:

–¿Cómo pudiste hacerlo?

El peso de la desaprobación de sus padres la abrumaba.

Al día siguiente, las burlas de sus compañeros fueron peores. Se escucharon comentarios acerca de cortarse el cabello con un serrucho, y de peinarse con el batidor. Catalina se apresuró a llegar a su casa para llorar a solas. Pero cuando entró, su madre la estaba esperando. Tenía todo listo para ayudarla.

–Ven, Catalina. Creo que has sufrido bastante por tu apariencia. No podemos devolverte tu cabello, pero quizás puedo mejorar un poco las cosas. Siempre recuerda, hija mía, lo que dice la Biblia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. El tener un deseo exagerado de belleza física, antes que de belleza espiritual, puede acarrearte mucha tristeza. Una persona puede descuidar las cosas más importantes de la vida así. Espero que hayas aprendido eso hoy.

Con un poco de ayuda, el cabello de Catalina quedó mucho mejor. Pero ella había aprendido una dura lección. Al día siguiente, al pasar frente al espejo antes de ir a la escuela, ni siquiera lo miró para ver cómo estaba.

Cinthya

(Adaptado del relato “Vanidad de vanidades”, de Kay Heistand, El Amigo de los niños, año 2, primer trimestre de 1976, N° 1).

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