Matutina para Adolescentes, Miércoles 07 de Julio de 2021

La oración intercesora

“Oren también por mí, para que Dios me dé las palabras que debo decir, y para que pueda hablar con valor y dar así a conocer […] el evangelio. […] Oren para que yo hable de él sin temor alguno”

(Efe. 6:19, 20).

Sonó el teléfono. Era una amiga que tenía un gran problema. La escuché hasta que comenzó a llorar. Su situación era grave. No había nada que pudiera hacer por ella. Finalmente, respiré hondo y le pregunté:

–¿Quieres que ore por ti?

–¡Sí! –gritó–. ¡Por favor, ora por mí!

Así que oré:

–Querido Dios, no sabemos qué hacer y no vemos solución a este problema, pero tú todo lo puedes. Por eso, colocamos este problema en tus manos.

Orar me calmó y me bendijo tanto como a mi amiga.

Desde Moisés intercediendo por los hijos rebeldes de Israel, hasta Pablo pidiendo a las iglesias que oraran por él (ver Efe. 6:19; Col. 4:3, 4; Heb. 13:18, 19), la Biblia nos dice que debemos orar unos por otros. Pero el secreto está en orar especialmente por aquellos que parecen estar más distantes de Dios: los que nos hacen daño; los que piensan que no necesitan de Dios; los que piensan que son un regalo de Dios para el mundo, pero que a ti te habría gustado que se hubieran quedado en casa.

Nuestro testimonio se desvía cuando tratamos de hacer la obra del Espíritu Santo, tratando de convencer a las personas de creer y actuar como queremos. Nuestra obra consiste en hacer lo que Jesús hizo aquí en la Tierra: amar a las personas, dar un buen ejemplo y orar, orar, orar.

La oración es poderosa.

Hace unos minutos, un amigo con el que no había tenido contacto hacía tiempo, me envió un correo diciéndome que estaba orando por mí. Sus palabras significaron mucho más de lo que se imagina. Pero más allá de lo bien que una persona se pueda sentir, a Dios le encanta usar nuestras oraciones para bendecir a otros. De alguna manera, la oración permite que el Espíritu Santo impacte a la gente. Dios nunca se impone, pero dado que ha elegido alcanzar a otros a través de nosotros, usa nuestras oraciones como una forma sobrenatural de tocar a los demás.

En Santiago 5:15 y 16, la Biblia dice: “Y cuando oren con fe, el enfermo sanará, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para ser sanados. La oración fervorosa del justo tiene mucho poder”.

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