Matutina para Adolescentes, Viernes 06 de Agosto de 2021

La paradoja fundamentalista

“¡Ustedes, guías ciegos, cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!” (Mat. 23:24).

Cuando nadie cuestiona sus doctrinas, los grupos religiosos tienden a darlas por sentado. Sin embargo, cuando se comienzan a atacar o cuestionar sus creencias, comienzan las discusiones. Antes de que Darwin publicara su teoría de la evolución, los cristianos no hablaban mucho sobre la creación. Tampoco se hablaba mucho sobre cómo fue inspirada la Biblia hasta que los eruditos del siglo XIX comenzaron a cuestionar la inspiración. Se formó de repente una oposición, y se hicieron afirmaciones mucho más firmes sobre la Biblia que antes. Yo lo llamo la paradoja fundamentalista, que consiste en sacrificar parte de una creencia para defender otra. Al tratar de defender una doctrina, en realidad la están socavando.

Los adventistas han sido tentados por el fundamentalismo en los temas de profecía e inspiración. Debido a nuestros puntos de vista únicos sobre las profecías y particularmente sobre Elena de White, a quien creemos que Dios inspiró, mantenemos discusiones acaloradas sobre el tema.

Después de escribir sobre profecía e historia durante más de cuarenta años, Elena de White lo resumió todo en su libro El conflicto de los siglos (edición de 1888). En la introducción, escribió sobre cómo el Espíritu Santo obró en las personas para crear la Biblia. El libro narra la historia de la iglesia cristiana y predice que en los últimos días veremos intolerancia y persecución disfrazadas de cristianismo.

Elena de White quería corregir dos conceptos erróneos: primero, que algunas partes de la Biblia son más inspiradas que otras; y segundo, el de la inspiración verbal, que afirma que Dios dictó la Biblia palabra por palabra. La inspiración verbal significó un doble problema para los adventistas: si creían que la Biblia había sido inspirada verbalmente, entonces podía decirse lo mismo de Elena de White. El Dr. David Paulson sufrió una crisis de fe en una ocasión en que Elena mencionó cuarenta habitaciones, cuando el Sanatorio Paradise Valley tenía treinta y ocho. En 1906 le escribió lo siguiente: “Yo había llegado a la conclusión y creía firmemente que cada palabra que usted pronunciaba, en público o en privado, era tan inspirada como los Diez Mandamientos”.

Elena describió que el Espíritu Santo obraba a través de las personas y no que transmitía las palabras una por una. En respuesta al Dr. Paulson, escribió que la inspiración “si bien […] es trasmitido a través de la expresión imperfecta del lenguaje humano, es el testimonio de Dios” (Mensajes selectos, t. 1, pp. 28-30).

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