Matutina para Adolescentes, Viernes 19 de Marzo de 2021

Los adventistas y la esclavitud

“Si un esclavo huye de su amo y te pide refugio, no se lo entregues a su amo, sino déjalo que viva en medio de ti, en la ciudad que elija y donde se sienta a gusto. Y no lo oprimas” (Deut. 23:15, 16).

En la década de 1850 no había un tema más polémico en los Estados Unidos que la esclavitud. Mientras que las iglesias bautistas, metodistas y presbiterianas estaban divididas respecto a si apoyar o no la esclavitud, los adventistas se unieron contra ella desde el principio.

El abolicionismo adventista iba más allá de meras palabras. Joseph Bates, uno de los fundadores de la Iglesia, fue miembro fundador de la sociedad abolicionista de su ciudad natal. Se dice que John Bylngton, el primer presidente de la Asociación General de la Iglesia Adventista, sirvió como conductor del ferrocarril subterráneo, una red clandestina que ayudaba a escapar a los esclavos. En su granja de Nueva York, ayudó a esclavos que escapaban de las plantaciones del Sur hacia una vida libre en Canadá, el país del norte. En Battle Creek, Míchigan, el miembro de iglesia John Preston Kellogg ayudaba a los esclavos que pasaban por sus granjas.

Estos actos violaban la ley estadounidense, pero los adventistas creían que respondían a una autoridad superior. Elena de White escribió:

“Cuando las leyes de los hombres entran en conflicto con la Palabra y la ley de Dios, hemos de obedecer a estas últimas, cualesquiera que sean las consecuencias. No hemos de obedecer la ley de nuestro país que exige la entrega de un esclavo a su amo; y debemos soportar las consecuencias de su violación. El esclavo no es propiedad de hombre alguno. Dios es su legítimo dueño” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 185).

Aunque muchos pensaron que una guerra civil era improbable, los adventistas tenían claro que se produciría, gracias a las predicciones de Elena de White. Aunque los adventistas no creían en tomar las armas para luchar, vieron la mano de Dios durante la guerra. Elena de White escribió:

“Dios está castigando a los del Norte, porque han soportado durante tanto tiempo la existencia del detestable pecado de la esclavitud; porque ante la vista del Cielo es un pecado de la tonalidad más oscura. Dios no está con los del Sur, y los castigará terriblemente al final” (ibíd., p. 320).

La fuerte postura del adventismo contra la esclavitud retrasó su progreso en el Sur. Y aunque la historia de las relaciones raciales en el adventismo no es perfecta, la Iglesia puede enorgullecerse de su legado mientras lo mantenga vivo.

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