Matutina para Adultos | Viernes 28 de Febrero de 2025 | Perdónalos

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Perdónalos

«Jesús entonces decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”» (Lucas 23: 34, LP).

Esta es la primera de las llamadas «siete palabras» pronunciadas por Jesús en la cruz, según los Evangelios. Preciosa joya conservada solo por Lucas. Sin duda la más sublime y conmovedora manifestación de amor de alguien que se olvida de sí mismo en medio de los sufrimientos más atroces, que lo están llevando a la muerte, para pensar en la salvación de sus torturadores.

En la famosa traducción de la Biblia al inglés llamada King James, este versículo empieza por un adverbio de tiempo: Then (traducción de la partícula griega dè, «entonces» en español) que sitúa la declaración de Jesús bajo una luz especial y subraya la realidad de aquel terrible entonces. En español solo la Biblia en lenguaje popular (BLP) y la versión La Palabra (LP, España) han considerado interesante retener este adverbio.

Ese entonces pone el foco del relato en la gravedad del momento histórico. Entonces, es decir, justo antes de hundirse en los abismos de la agonía; entonces, cuando estaba a punto de sufrir una muerte tan injusta como ignominiosa; justo entonces Jesús piensa, increíblemente, en la terrible carga de conciencia que puede abrumar a sus ejecutores y pide a Dios que les perdone su error.

Para cualquier otro ser humano ese entonces hubiera llevado lógicamente a otras súplicas al cielo: «¡Dios mío, haz algo! ¡Haz justicia! ¡No toleres este crimen!».

Sería un error pensar que Jesús estaba orando en especial por los soldados romanos que lo estaban crucificando. ¡Quién sabe si incluso algunos se estaban compadeciendo del pobre reo! Ellos en realidad no hacían más que cumplir órdenes. Jesús ora sobre todo por los verdaderos culpables de su crucifixión. Ora por todos sus enemigos que lo han llevado hasta la cruz.

Ahora bien, nos preguntamos: todas esas autoridades civiles y religiosas que habían tramado la condena de Jesús ¿sabían realmente lo que hacían? Más o menos todos eran conscientes de que estaban condenando a un inocente pero, sin duda, por voluntaria y culpable que fuera su ignorancia, no sabían que el Nazareno era el Salvador del mundo.

Los apóstoles Pedro (ver Hech. 3: 17) y Pablo (ver 1 Cor. 2: 8) abogan por esa «presunción de inocencia» uniéndose, en ese sentido, a la oración de Jesús. Todo da a entender que esa oración ya encontró parte de su respuesta en los cuarenta años de prórroga acordados a su pueblo, durante los cuales el evangelio fue predicado en Jerusalén y sus entornos llevando a la conversión a miles de judíos.

Señor, dame el amor que necesito para desear el perdón de los que me tratan mal.

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