Miércoles 15 de Junio de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Lo dejaremos fuera?

¿Lo dejaremos fuera?

“Así que, si ustedes comen o beben, o hacen alguna otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31, RVC).

Las charlas del profesor Helmut Thielicke a un grupo de estudiantes de Los Ángeles, California, habían llegado a su final, y el grupo había decidido celebrar ese hecho por medio de una reunión social.

Esa noche le correspondió a Dr. Thielicke, profesor de Teología Sistemática de la Universidad de Hamburgo, pedir la bendición por los alimentos, pero era evidente que el distinguido invitado se sentía un tanto incómodo. ¿Qué lo estaba incomodando tanto? Él no entendía cómo un grupo de cristianos podía primero reírse con ganas en una reunión social, y luego orar. Y así se los hizo saber. Asombrados por el comentario del profesor, los estudiantes respetuosamente respondieron con una serie de preguntas: ¿Qué problema hay en pedir la presencia del Señor cuando nos reunimos para pasar un rato ameno? ¿Acaso es solo en los cultos de adoración que debemos invitar su presencia? ¿O es que hemos de celebrar como lo hacen los incrédulos?

Cuenta el Dr. Thielicke que, después de escuchar esas preguntas, se sintió avergonzado por haber dado la impresión de creerse superior a sus hermanos en Cristo. Posteriormente, al escribir sobre su experiencia, dejó este testimonio: “Desde ese momento en adelante me propuse que, sin importar cuánto estuviera bromeando con mis estudiantes, sea que estuviera estudiando o cantando un himno, no habría actividad alguna en esta vida en la cual no pudiera involucrar al Señor” (Faith, the Great Adventure, p. 9).

¡Vaya lección! Qué bueno es recordar siempre que, incluso en nuestros momentos de sana recreación, el Señor Jesús está con nosotros. ¿Por qué dejarlo fuera? ¿No nos exhorta la misma Escritura a que, sea que comamos o bebamos, o hagamos alguna otra cosa, lo hagamos todo para la gloria de Dios?

Entonces, ¿dejaremos al Señor fuera de nuestras reuniones sociales? ¡Nunca! “En todas nuestras reuniones administrativas, como también en nuestras reuniones sociales y religiosas, queremos que Jesús esté a nuestro lado” (Obreros evangélicos, p. 459). ¿Por qué ha de ser así? Porque “deberíamos dejar que la hermosa imagen de Jesús aparezca en todas partes, sea que estemos en la iglesia, en nuestros hogares, o en alguna reunión social con nuestros vecinos” (Exaltad a Jesús, 9 de septiembre).

¡Oh, qué bien suena esa última declaración! “Dejar que la hermosa imagen de Jesús aparezca en todas partes”. ¿No debería ser esta nuestra oración en este nuevo día?

Señor Jesús, hoy quiero que tu hermosa imagen aparezca en todas partes. Cualesquiera que sean las actividades en las que participe, quiero que estés a mi lado y que recibas toda la honra que mereces.

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