Matutina para Jóvenes | Miércoles 10 de Abril de 2024 | La canoa

La canoa

«El Señor es quien da la sabiduría; la ciencia y el conocimiento brotan de sus labios» (Proverbios 2: 6).

El reconocido pedagogo brasileño Paulo Freire adaptó el siguiente relato, llamado «La canoa», en el que cuenta que, en un largo río, de difícil travesía, había un canoero que llevaba a las personas de un lado al otro. En uno de esos viajes iban un abogado y una profesora. Mientras avanzaban en la canoa, el abogado preguntó al canoero:

—Mi amigo, ¿usted tiene conocimiento de leyes?

—No —respondió el canoero.

—¡Qué lástima! —contestó apenado el abogado—. Usted ha perdido la mitad de su vida.

La profesora, muy sociable, entró en la conversación e inquirió:

—Señor canoero, ¿usted sabe leer y escribir?

—No, señorita —respondió él.

—¡Qué pena!, usted ha perdido la mitad de su vida —lamentó la maestra.

En eso llegó una ola tan fuerte que volteó la canoa. El canoero, preocupado por la integridad de sus ocupantes, preguntó:

—¿Ustedes saben nadar?

—¡No! —gritaron de inmediato el abogado y la maestra.

—¡Qué pena!, ustedes están a punto de perder su vida entera —concluyó el canoero.

El psicólogo e investigador Howard Gardner elaboró la teoría de las inteligencias múltiples, en la que afirma que las personas tienen inteligencias en diversas áreas, que incluyen habilidades: lingüístico-verbales, lógico-matemáticas, visuales-espaciales, musicales-auditivas, corporales-kinestésicas, interpersonales, intrapersonales, entre otras.

Esto implica que podemos ser inteligentes en varias de estas áreas, mientras presentamos carencias en otras. En un sentido práctico esto nos ayuda a entender a los demás y a comprender que no hay áreas del conocimiento o la inteligencia que carezcan de importancia. Por muy bueno que fuera saber de leyes o poder leer, esto no salvaría al abogado o a la profesora de morir ahogados, porque en esa circunstancia el conocimiento más valioso era el de saber nadar.

El apóstol Pablo aconseja: «Ninguno se crea mejor de lo que realmente es» (Romanos 12: 3, NTV). Reconocer los dones y talentos de los demás no les resta importancia a los nuestros, pero nos hace más humildes y conscientes de nuestras debilidades y fortalezas. Gandhi decía: «No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra». En última instancia, todo lo que somos y hacemos debe estar al servicio de Dios.

Reconoce hoy tus fortalezas y debilidades y expresa gratitud por los dones y talentos de quienes te rodean.

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