Matutina para Jóvenes | Viernes 24 de Enero de 2025 | La chica que rompió el patrón

Matutina para Jóvenes | Viernes 24 de Enero de 2025 | La chica que rompió el patrón

La chica que rompió el patrón

“A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret” (Luc. 1:26)

Es posible que hayas escuchado la frase: “Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. La historia de María proporciona un claro ejemplo de este dicho. Si estás familiarizado con el Antiguo Testamento, notarás que la escena de la Anunciación evoca un modelo presente en ciertos relatos antiguos, pero al mismo tiempo se diferencia de ellos.

En Génesis 18, Dios visitó a Abraham y Sara, prometiéndoles un hijo, Isaac. En Jueces 13, un ángel anuncia a Manoa y su esposa el nacimiento de Sansón, y en Lucas 1, Gabriel visita a Zacarías y presagia el nacimiento de Juan el Bautista. Estas historias comparten tres elementos: 1) Las parejas eran ancianas, 2) las mujeres eran estériles y 3) uno de los esposos dudó. Sara se rió (Gén. 18:12), Manoa pidió que el ángel volviera (Juec. 13:8) y Zacarías dudó (Luc. 1:18). Así que, al leer el relato de la Anunciación, podríamos esperar encontrar una pareja de ancianos estériles. Sin embargo, la Biblia nos presenta a María, una adolescente soltera, marcando un contraste notable con las otras mujeres mencionadas en relatos similares.

Dios rompió el patrón al anunciar el nacimiento de Jesús porque, aunque Isaac, Sansón y Juan fueron grandes personajes, el “niño” que nacería de María sería “Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isa. 9:6), “cuyos orígenes vienen desde la eternidad” (Miq. 5:2, NTV). El nacimiento de Jesús fue único porque él es único. Ameritaba que se rompiera el patrón.

Pero ¿por qué Dios escogió a María? Pienso, y esta es la segunda razón, que Dios actuó diferente con María porque ella era diferente. La Biblia no da muchos detalles acerca de su persona, pero su respuesta al mensaje de Gabriel nos dice mucho: “Soy la sierva del Señor. Que se cumpla todo lo que has dicho acerca de mí” (Luc. 1:38, NTV). ¿Dónde está la risa de Sara? ¿Dónde está la incredulidad de Manoa y Zacarías? ¡Ni rastro de ellas!

Es muy fácil acostumbrarnos a hacer siempre lo mismo, a ser ordinarios, pero al igual que María, Dios nos ha llamado a romper los patrones del pasado. Si queremos ver resultados extraordinarios, hemos de actuar de manera diferente. Y la mayor diferencia que puedes poner en práctica hoy es tener fe en Dios. Al igual que María, Dios te invita a confiar cuando otros dudan, a creer cuando otros se ríen y a aceptar la voluntad de Dios cuando otros piden evidencias. ¿Aceptarás el desafío de ser diferente como María?

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