Matutina para Mujeres, Domingo 04 de Julio de 2021

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No soy nada y lo soy todo

“A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

Algunas ramas modernas de la psicología sostienen que el poder personal se genera en nuestro interior; que lo único que necesitamos para sentirnos fuertes es enviarnos a nosotros mismos mensajes po­sitivos, con frases como: “Tú puedes hacerlo” o “Vamos, que la fuerza está en ti”. Si bien es cierto que la actitud con la que enfrentamos los desafíos del día a día tiene mucho que ver con la forma en que pensamos y nos sentimos, esta teoría queda incompleta, por cuanto no reconoce a Dios como el hacedor tanto de lo que hay en nuestro interior como de la capacidad de realizarlo. “Pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en us­tedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo” (Fil. 2:13).

La escritora y conferencista cristiana Joyce Meyer describe con exactitud lo que acabo de plantear, con las siguientes palabras: “¡No soy nada y, sin em­bargo, lo soy todo! Con mis propias fuerzas no soy nada, pero en Jesucristo soy todo lo que necesito ser”. El poder personal es la capacidad interna que nos provee tranquilidad, asertividad y ánimo en medio de la crisis. Es un conjun­to de habilidades que podemos desarrollar al máximo cuando, por fe, nos afe­rramos a Dios y le pedimos aliento y fortaleza. Él es el proveedor de ese poder.

Las hijas de Dios sabemos que los mensajes que nos enviamos a nosotras mismas tipo “tú puedes hacerlo” se quedan cortos si no añadimos a continua­ción: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Él es quien hace surgir dentro de nosotras las actitudes y las decisiones correctas cuando, en medio de las crisis, no sabemos qué hacer. Él es quien nos lleva a confiar, a creer y a esperar humildemente en sus promesas. Él es quien nos enseña a deponer nuestra soberbia para someternos a su voluntad y esperar en el tiem­po de Dios, que no se adelanta ni se retrasa, sino que llega en el momento preciso y oportuno. Sus tiempos son perfectos, así como él es perfecto.

Las crisis que enfrentamos son y seguirán siendo siempre inevitables, por cuanto vivimos en este mundo lleno de pecado; pero la forma en que las afron­temos es una decisión personal. Esa decisión personal, para la mujer cris­tiana, parte de un mensaje que debe repetirse a sí misma cada mañana: “A todo puedo hacerle frente, gracias a Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).

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