Matutina para Mujeres, Domingo 20 de Junio de 2021

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Agradar: una necesidad humana

“Es Dios quien nos ha hecho; él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, siguiendo el camino que él nos había preparado de antemano” (Efe. 2:10).

Los expertos en el estudio de la conducta humana afirman que el deseo de agradar y de pertenecer se asocia a una necesidad básica de todo ser humano. Las formas en las que satisfacemos estas necesi­dades son propias de cada persona. Algunos buscamos agradar complaciendo los deseos del otro a la par que aplacamos o acallamos nuestras propias necesidades. Otros renunciamos a nuestros valores para estar en el mismo “tono” que aquellos a quienes deseamos agradar; y otros más entregamos nuestra voluntad al dominio de alguien para sentirnos aceptados por ese alguien. Re­cordemos que nuestros deseos, nuestros anhelos y nuestra voluntad solo deben estar sujetos a la voluntad de Dios y a sus planes para nosotras.

Ella es una chica maravillosa, talentosa e inteligente. Cuando creyó haber encontrado el amor verdadero, se unió en matrimonio con un joven que, poco a poco, tomó dominio y control sobre ella, hasta el punto de llevarla a vivir llena de miedos y sin fuerzas para rescatarse a sí misma. Por intentar agradarlo a él en un inicio, la vida de esta joven se desvió completamente de su camino.

Amiga, es importante recordar nuestra ascendencia. Somos hijas de Dios, dotadas de individualidad, dignidad, originalidad y libre albedrío; por creación somos especiales y únicas

. Nadie tiene derecho a arrebatarnos esta herencia celestial. Por grande que sea nuestro deseo interno de agradar, de ser aceptadas y de sentir que encajamos y pertenecemos, esto nunca debe ser a costa de re­nunciar a quienes somos: hijas de Dios por creación y por redención.

Esto significa que eres libre para tomar decisiones. Tienes derecho conce­dido por Dios para exigir respeto. También posees una originalidad que te ha sido concedida para hacer las cosas a tu manera; por supuesto, todo esto en consulta con Dios, quien es tu creador, sustentador y redentor. 

Agradar a Dios sí debe ser una búsqueda constante en la vida de la mujer que ama a su Señor, pues cuando tenemos la certeza de ello, podemos ser productivas y asertivas sin atropellar los sentimientos de los demás, conside­rándolos como nuestros iguales y como hijos de Dios. Además, entramos en una relación de armonía con nosotras mismas, aceptando nuestras virtudes y nuestras debilidades.

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