Matutina para Mujeres | Jueves 15 de Junio de 2023 | Paz en las alturas

Paz en las alturas

El señorío y el temor están con él; él hace paz en sus alturas. Job 25:2.

Este texto es la breve respuesta de Bildad, quien no pudo refutar los argumentos de Job sobre la prosperidad de los impíos. Se limita a comparar el poder de Dios con la pecaminosidad de los seres humanos. Con esta interrupción al discurso de Job, terminan las participaciones acusadoras de los mal llamados “amigos” (Job 32:1). En el celo por defender la creencia de que los justos son recompensados y los malvados son castigados, no comprendieron a Dios ni tuvieron compasión con su afligido amigo. ¡Cuánta empatía se necesita con los que sufren! No hace falta ser cruel para ser sincero.

Bildad hizo referencia a la paz y la armonía que Dios mantiene en las alturas entre las huestes celestes y que también ofrece a los obedientes. Para los amigos de Job, el tema de la justificación del hombre con Dios era incomprensible. Gracias a Pablo, este enigma fue esclarecido: “Todos son justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24, NBLA). Aunque Job no comprendía el plan de salvación, mantenía su fe en Dios; su respuesta final a sus amigos fue: “Él conoce mi camino, me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

“El cristiano que ama a su Padre celestial puede no discernir por providencias externas o señales visibles algún favor celestial. […] A menudo está sumamente afligido, angustiado, perplejo… Las apariencias parecen estar en su contra. […] Job fue despojado de sus tesoros terrenales, privado de sus hijos y convertido en un espectáculo de repugnancia para sus amigos, pero en la hora de Dios, él mostró que no había abandonado a su siervo (ELC, p. 273).

“Si eres llamado a entrar en el horno de fuego ardiente por amor a Jesús, él estará a tu lado de la misma manera como estuvo con los tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa” (DMJ, p. 32).

Aunque no comprendas por qué los impíos prosperan y los fieles sufren, no desconfíes de las promesas de Dios. Mantén la seguridad de la compañía de Dios aún en el horno de la prueba. Cuando se cierren las puertas, sigue alabando hasta que se abran en el momento perfecto. No importa cuán crueles sean las circunstancias, siempre serán temporales.

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