Matutina para Mujeres | Jueves 19 de Octubre de 2023 | Mikros poimnion

Mikros poimnion

No tengan miedo, pequeño rebaño, que es voluntad del Padre darles el reino. Lucas 12:32, BLPH.

Dios se complace en hacerte feliz y bendecirte. La palabra pequeño, del griego mikros, se refiere a pequeño de estatura o puede ser un diminutivo cariñoso. La palabra rebaño, del griego poimnion es para referirse a un grupo de ovejas, discípulos o miembros de iglesia. Dios nos llama “pequeño rebaño”, mikros poimnion. Es el mísmo término que se usa para “matrimonio” en algunos idiomas. Dios te llama a hacer vida en común con él, una relación íntima en el reino que ha preparado para ti.

El enemigo sabe que Dios cumplirá su promesa, así que hace lo que esté a su alcance para entretenerte con lo material. No te cargues con cuidados excesivos por lo terrenal, no te asustes por lo lúgubre que parezca el porvenir. La buena voluntad de tu Padre es darte el reino. Somos pocos, débiles, insignificantes e impotentes según el juicio de este mundo. Cuando Israel salió a pelear con los sirios, “los hijos de Israel acamparon frente a ellos y eran como dos pequeños rebaños de cabras, mientras que los sirios llenaban el campo” (1 Rey. 20:27, RV2015). Pero Dios les dio la victoria, y, aunque pequeño en número y con muchos riesgos, Dios te dice ahora: “No tengas miedo”. Estás a salvo bajo la protección del buen Pastor, rodeada por su amor y sus brazos eternos. Solo persevera y no desmayes. Dios, el Príncipe de los pastores, te entregará la corona de gloria (1 Ped. 5:4). Si vences, te espera un trono (Apoc. 3:21), no porque lo hayas ganado, sino porque lo has creído y esperado.

Esta bendita esperanza debería silenciar y reprimir todo miedo. Que ningún problema o ansiedad se interponga entre tú y el reino que pronto recibirás. Que tu corazón esté dispuesto solo a recibir noticias del reino:

Dios no desea que quedemos abrumados por una silenciosa tristeza, con el corazón angustiado y quebrantado. Quiere que alcemos los ojos y veamos su querido rostro amante. El bendito Salvador está cerca de muchos cuyos ojos están tan enceguecidos por las lágrimas que no pueden discernirlo. Anhela estrechar nuestra mano, lograr que lo miremos con fe sencilla y permitirle guiarnos. Su corazón está abierto a nuestros pesares, tristezas y pruebas. Nos ha amado con un amor sempiterno y nos ha cercado con benevolencia. Podemos apoyar el corazón en él y meditar todo el día en su bondad. Él elevará al alma, por encima de la tristeza y perplejidad cotidianas, hasta un reino de paz (DMJ, p. 16).

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