Matutina para Mujeres | Miércoles 03 de Mayo de 2023 | La oración de dedicación

La oración de dedicación

Tu oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué. 1 Reyes 8:43.

La oración de Salomón es una de las más largas registradas en la Biblia. Parece un poema, pero fue espontánea al ver la sublime manifestación de Dios. Cuanto más hables con Dios, tu lenguaje se volverá más reverente, y fluirán palabras de adoración y alabanza. La oración terminó abruptamente, pero de ella hay mucho que podemos aprender.

Inicia con alabanzas (vers. 15), adoración (vers. 23) y agradecimiento por las promesas cumplidas (vers. 24-27). Sigue con una confesión y solicitud de perdón (vers. 30). Luego suplica por diversos motivos: transgresiones, derrotas, necesidades físicas, protección en las batallas y plagas, sanidad, por los extranjeros, por los penitentes arrepentidos, por los habitantes de la tierra, por justicia, por los que invocan su nombre (vers. 31-53). Termina pidiendo la presencia constante de Dios, expresa el deseo de hacer la voluntad divina y obedecer sus mandamientos, y ruega la protección diaria (vers. 57-59). Después de la oración, Dios se manifestó con fuego que consumió las víctimas del holocausto (2 Crón. 7:1-3).

Escribe tus oraciones. Incluye palabras de adoración y alabanza, confesión y admisión del pecado, agradecimiento y súplica. Guarda silencio para escuchar la manifestación de Dios y regístralo. Anota la fecha de la oración y de la respuesta. Al final del año lee el registro y tu fe se fortalecerá.

Salomón inició y terminó bendiciendo al pueblo (1 Rey. 8:14, 56). Bendice, alaba y reconoce las bondades divinas. Al terminar la dedicación, el pueblo se marchó alegre de corazón. Después de haber estado con Dios, sal con una actitud de sagrada felicidad. “Nuestro Padre celestial aguarda anhelante para derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. Es nuestro privilegio beber abundantemente de la Fuente de amor infinito. ¡Qué extraño es que oremos tan poco! Dios está dispuesto y deseoso de oír la oración sincera del más humilde de sus hijos […].

¿Qué pueden pensar los ángeles del cielo de los pobres y desvalidos seres humanos, sujetos a la tentación, cuando el corazón de Dios, lleno de amor infinito, se conmueve por ellos y está dispuesto a darles más de lo que pueden pedir o imaginar, y ellos sin embargo oran tan poco y tienen tan poca fe?” (CC, p. 93).

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