Matutina para Mujeres, Sábado 19 de Junio de 2021

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Cristianas modernas

“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas”

(Prov. 31:10, RVR 95).

Estamos en la era de la posmodernidad. Sin duda los cambios en la vida social, económica y política han traído nuevas demandas a la mu­jer, lo que, en algunos casos, nos ha llevado a renunciar al hogar para ser parte del engranaje social. Nos ha exigido convertirnos en una especie de “mujer maravilla”, asumiendo en algunos casos, con cierto grado de arro­gancia, el rol de madre y esposa, además de realizar un trabajo asalariado fuera de casa. Esto nos impulsa a buscar una condición que nos coloque a la par de los varones, como si la vida fuera una competencia o una guerra de sexos.

Las mujeres de Dios no somos ajenas a estas demandas; sin embargo, debe quedarnos claro que la conducción del hogar es una empresa de gran en­vergadura. Debemos desarrollar pasión por lo que hacemos en él; la pasión es lo que nos permite ser perseverantes hasta lograr nuestros objetivos, pase lo que pase. Criar hijos es un proceso, en ocasiones agotador, que exige esfuer­zo, perseverancia y paciencia, y solo se logrará teniendo a Dios como nues­tro ayudador. 

La mujer cristiana moderna reconoce que los tiempos son peligrosos, y sabe que su misión es trascender, aun más allá de los límites del hogar. En una sociedad donde las virtudes cristianas se encuentran difusas y casi olvidadas, hay que desarrollar la visión de lo eterno y lo no perecedero para ser ejemplo a las generaciones que vienen atrás.

Ser apasionadas por Dios, visionarias y fieles a la misión son las tres carac­terísticas que nos harán mujeres modernas y cristianas, sin pretender asumir los modelos del mundo. Seremos aptas para esta tarea si nos mantenemos en: 

  • Superación constante, personal y profesional. Hay que superarse constantemente en las labores del hogar, la maternidad y la conviven­cia familiar. 
  • Unidad con los varones. Debemos desarrollar un sentido de comple­mentariedad y no de competencia, para que juntos podamos trascender como seres humanos, como pareja, como padres y como compañeros de trabajo. 
  • La búsqueda de equilibrio entre el tiempo dedicado a Dios, a mi desa­rrollo personal, a mi trabajo y a los demás.
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