Miércoles 02 de Noviembre de 2022 | Matutina para Adultos | Un lugar especial

Un lugar especial

“Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón, Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed, Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David” (Rut 4:18-22).

Supongo que nuestro texto para la reflexión de hoy no es el favorito de ningún lector de las Escrituras. Sin embargo, es como el terreno donde, sin buscarlo, un hombre consigue un tesoro escondido. Algo así como lo que le ocurrió a Charles Handy, el conocido autor irlandés, cuando vio el árbol genealógico de su familia.

Cuenta Handy que su padre, poco antes de morir, le entregó un sobre que decía: “Documentos de la familia”. Cuando abrió el sobre, vio ahí una detallada relación de sus antepasados: quién se casó con quién, los hijos que nacieron de cada unión… Leyó, por ejemplo, de Samuel y Ethelreda, y pensó: “¡Qué triste que la vida termine apenas como un nombre en un árbol genealógico!” (Waiting for the Mountain to Move, p. 60).

Entonces, cuenta él, algo interesante sucedió. La lectura del árbol genealógico de la familia le recordó los últimos versículos del libro de Rut. De inmediato se dio cuenta de la gran verdad que tenía ante sus ojos: “De no haber sido por esos antepasados –Fares, Hezrón, Ram, Aminadab, Naasón, etc.– el gran rey David no habría nacido”, pensó. Y, por supuesto, si no hubiera sido por Samuel, Ethelreda, y todos los demás antepasados en su familia, él mismo no habría nacido.

Handy había descubierto “un tesoro”. Razonó que, quizá, su propósito en la vida es simplemente llegar a ser el antepasado de alguien importante, aunque él mismo no lo sea. Pensó, además, que el hecho de no ser alguien importante no le impedía a él hacer una contribución significativa a la humanidad.

Lo que Charles Handy entendió ese día es que no habrá vivido en vano si al menos logra dejar este mundo un poquito mejor para sus descendientes. Y aunque seguramente terminará sus días “en un árbol genealógico”, lo consuela pensar que –¡quién sabe!– quizá pueda aparecer en la línea de sus descendientes “un moderno rey David”; ¡cosa que no habría sido posible si él, Charles Handy, no hubiera existido!

Aunque quizá no te has dado cuenta, ¡hay cosas buenas que han ocurrido en este mundo gracias a ti! Dios lo ha notado, y un día recibirás tu recompensa, para la gloria de su nombre.

Gracias, Padre celestial, porque no nací “por accidente”. Así como hay un lugar especial donde he de testificar para ti, también hay un lugar especial para mí en la Patria celestial.

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