Miércoles 07 de Septiembre de 2022 | Matutina para Jóvenes | Dios es nuestro escudo

Dios es nuestro escudo

«Pero tú, Señor, eres mi escudo protector, eres mi gloria, eres quien me reanima». Salmo 3: 3

El escudo ha sido un instrumento imprescindible en los ejércitos de antaño. Pero este instrumento de defensa alcanzó el pico de su popularidad durante el Imperio romano. Pablo habla de este instrumento como parte de la armadura completa de Dios. Era famoso el scutum que tenía una estructura más adaptada a la forma del cuerpo humano. Podía ser ovalado o rectangular, y estaba hecho de madera sólida o compuesto de un armazón de madera recubierta y de capas metálicas.

Visto de costado, el scutum tomaba una forma curva que protegía mejor de ataques que provenían de los flancos. Constituía una excelente defensa para los legionarios romanos, sin que su peso llegase a ser una carga o un estorbo para quien lo portara. Servía en la batalla cuerpo a cuerpo, pero era un eficaz instrumento de defensa cuando el ejercito marchaba en formación ya que los escudos formaban una barrera protectora casi infranqueable. La hermana Patricia fue una cristiana muy comprometida con la predicación del evangelio. Por eso, desde que conoció el mensaje encontró en el colportaje su forma predilecta de difundir las buenas nuevas de salvación a través de los mensajeros silenciosos que dejaba en los hogares que visitaba. Los ministros de la página impresa realizan un trabajo tanto dentro como fuera de la iglesia que solo Dios sabrá recompensar. No hay espacios que estén vedados a su incansable y santa labor. Pero también es verdad que la historia del colportaje está cargada de milagros y de historias inimaginables sobre la protección de Dios.

Patricia llegó a trabajar a una nueva población a pesar de las advertencias hechas a través de los altavoces en la plaza de que no era bienvenida y de que no respondían por su vida. Efectivamente, después de visitar un hogar y dejar sus libros allí, al salir a la calle un hombre armado se abalanzó sobre ella, descargó su revólver sobre su pecho y desapareció corriendo. Las personas que habían comprado sus libros vinieron en su auxilio. Pero no fue necesario hacer nada. Estaba ilesa, los proyectiles no habían tocado su cuerpo, aunque estaban tirados en el piso con las puntas achatadas como si hubiesen chocado contra una poderosa muralla.

Apreciado joven, @Dios fue el escudo de Patricia, y hoy él también será tu escudo mientras enfrentas los desafíos de este día.

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