Miércoles 12 de Octubre de 2022 | Matutina para Menores | La tumba se abrió

La tumba se abrió

“Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado” (Mateo 23:12).

El colmo de la soberbia es no solo creerse más que los demás, sino también creerse más fuerte y poderoso que Dios. ¿Repasamos un ejemplo bíblico? Jesús había sido muerto y puesto en su tumba. Pero los fariseos recordaban las palabras que Jesús había dicho tiempo atrás sobre su resurrección al tercer día, y con la soberbia subida a la cabeza, pensaron que podrían impedir que eso sucediera. Pidieron que la tumba de Jesús fuese sellada. ¿En qué consistía el sellado? Consistía en una cuerda que se ataba cruzando la pesada piedra que tapaba la entrada al sepulcro. Aquel que osara romper el “sello” era castigado con la muerte. Y por si el sello fuera poco, además pusieron una guardia de soldados que vigilara día y noche para evitar cualquier intromisión de los discípulos. Ya me imagino a los fariseos pensando satisfechos: “Bien por nosotros, ¡ganamos!”

Su soberbia se convirtió en humillación cuando el domingo de mañana escucharon de boca de los temblorosos soldados que un ángel había corrido la piedra de la entrada de la tumba como si fuera una plumita y Jesús había salido victorioso de ella. ¡Qué ilusos! Creerse más que Dios. Así de tonto puede convertirte la soberbia. Sin embargo esta historia no es la única.

Tengo en mente otra historia relacionada con una tumba también. Una orgullosa condesa aseguraba que ni Dios ni la resurrección existían. Cuando estaba a punto de morir dejó expresas instrucciones para su tumba: debían cubrirla con piedras pesadas. Esas piedras debían mantenerse unidas con barras y ganchos de hierro y una placa de granito cubriría todo. Arriba debían poner una placa que dijera lo siguiente: “ESTA TUMBA ESTÁ SELLADA PARA SIEMPRE. JAMÁS SE ABRIRÁ”.

¿Sabes qué pasó con su tumba? Una semillita germinó debajo de las piedras. Poco a poco el tallo se abrió camino entre las piedras y el granito, y salió a la luz. Las barras de hierro se soltaron y las piedras se desprendieron a medida que la planta crecía. ¡Si la condesa supiera que su tumba es la única abierta del cementerio! Una simple semillita realizó lo que ella creía imposible.

Querido amigo, pídele a Dios que te ayude a no caer en la trampa de creerte más sabio o poderoso que Dios. Sé siempre humilde, y Dios se encargará de exaltarte.

Gabriela

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