Sábado 03 de Diciembre de 2022 | Matutina para Mujeres | “Veo, veo”

“Veo, veo”

“En ese mismo instante, Jesús supo lo que pensaban, así que les preguntó: ‘¿Por qué cuestionan eso en su corazón?’ ” (Mar. 2:8, NTV).

Buscando las asnas perdidas de su padre, Saúl y su sirviente llegaron a una ciudad. Cuando estaban por entrar por las puertas, Saúl le preguntó a un hombre: “¿Dónde está la casa del vidente?” Ese hombre no era otro que el profeta Samuel. Entonces, Samuel respondió: “Yo soy el vidente; sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé, y te descubriré todo lo que está en tu corazón”. (1 Sam. 9:19, énfasis agregado). Si un profeta te dijera que va revelar todos los secretos de tu corazón, ¿cómo te sentirías? Samuel demostró que realmente sabía lo que había en el corazón de Saúl al decirle, antes de que él preguntara, que su padre ya había encontrado a las asnas. Si estuvieras en las sandalias de Saúl, ¿te quedarías hasta la mañana siguiente para ver qué otros secretos va a revelar el profeta?

Una de las habilidades de Jesús que más molestaba y asustaba a sus enemigos era su capacidad para leer los corazones de las personas y conocer sus pensamientos. Frente a él, ¡no tenían dónde esconderse! Desde la entrada del pecado en el Edén, nuestra tendencia es a escondernos y cubrirnos con hojas de higuera. Deseamos desesperadamente que nos acepten, pero, al mismo tiempo, exponer nuestra alma desnuda nos aterra.

Me pregunto si la mujer adúltera que los escribas y los fariseos llevaron ante Jesús tuvo tiempo de vestirse correctamente, o si aún estaba despeinada y desaliñada (Juan 8:1-11). Incluso aunque le hayan dado la oportunidad de volver a vestirse y componerse, su alma estaba absolutamente desnuda y su vergüenza expuesta ante la vista de todos. Pero Jesús no vio solo esto. Él también vio que estaban usando a la mujer para acusarlo. Vio el odio y la hipocresía de estos hombres, vio el dolor de la mujer (y de todas las mujeres que leerían su historia). Viéndolo todo —pasado, presente y futuro—, Jesús respondió con justicia y compasión: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).

Saúl recibió una profecía acerca del plan de Dios para su vida, porque estuvo dispuesto a permanecer bajo la mirada penetrante de Samuel. La mujer adúltera recibió perdón y una nueva oportunidad cuando Jesús la miró. Aunque no hay nada oculto a los ojos de Dios, cuando nos acercamos y permitimos que él nos examine, la vergüenza pierde su poder.

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” (Sal. 139:23, 24, NTV).

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