Sábado 20 de Agosto de 2022 | Matutina para Adultos | Identificar el verdadero tesoro

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Identificar el verdadero tesoro

“Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

¿Podría suceder que una persona sea dueña de un rico tesoro y no lo sepa? O bien, ¿podría suceder que tú tengas un rico tesoro y no lo sepas? Todo depende de lo que entendamos por “tesoro”. Un relato de la Edad Media, que narran Al y Alice Gray, nos ayudará a entender el punto (Stories for a Man’s Heart, p. 63).

Un día del año 1141, un ejército invasor rodeó las murallas del Castillo de Weinsberg, en Alemania. No era la primera vez que los residentes del castillo enfrentaban una amenaza tal, pero en esta ocasión las posibilidades de prevalecer eran mínimas. Todo lo que podían hacer, al parecer, era entregarse. Solo que las exigencias del ejército invasor eran muy elevadas: las mujeres y los niños serían perdonados con la condición de que entregaran las riquezas y las vidas de los hombres que defendían el castillo. Eso era demasiado. Entonces las esposas también pusieron sus condiciones. Cumplirían con las exigencias solo si les permitían sacar con ellas todas las riquezas que pudieran llevar en sus manos.

“¿Cuántas joyas podrán cargar en sus manos?”, se preguntó el jefe de los invasores. “¡Por mucho que saquen, siempre quedará una inmensa riqueza dentro de los muros!” De esta manera, el pedido les fue concedido. Dice el relato que cuando las puertas del castillo se abrieron, grande fue la sorpresa del ejército enemigo cuando vieron que cada una de las mujeres salía tomada de la mano de su esposo.

¡Qué interesante! Y tú, ¿ya identificaste tu verdadero tesoro? ¿Lo habré identificado yo? Nuestro texto de hoy nos ayuda a responder, por cuanto nos recuerda que donde esté nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón. Dicho de otra manera, donde esté lo que para nosotros es más importante, allí estarán también nuestros pensamientos y nuestros intereses. ¿Cuál es, entonces, nuestro mayor tesoro? Es lo que más valoramos en esta vida.

Si algo nos enseñan las esposas de Weinsberg es que ninguna riqueza terrenal, por grande que sea, puede compararse al valor de nuestros seres queridos. Pero tengamos cuidado, no sea que, sin darnos cuenta, otros “tesoros” –el trabajo, las redes sociales, los bienes materiales, por citar solo algunos– nos roben el tiempo y la atención que nuestros amados esperan de nosotros. Yo ya hace años decidí que, después de Jesucristo, no hay para mí mayor tesoro que mi familia y mis buenos amigos. Y tú, ¿ya tomaste tu decisión?

Bendito Jesús, quiero que siempre seas mi mayor tesoro; y oro para que ningún tesoro terrenal ocupe en mi corazón el lugar de honor que corresponde a mis seres queridos.

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