Matutina para Mujeres, Miércoles 12 de Mayo de 2021

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La Biblia, ¿un libro pasado de moda?

“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16, 17, RVR 95).

Abrí la cajonera de mi habitación de hotel y allí estaba. También la encontré sobre mi almohada del hospital, en vísperas de una ope­ración quirúrgica a la que me iba a someter. En muchas cárceles del mundo la ponen al alcance de los reclusos, a fin de darles, a través de su lec­tura, un nuevo propósito en la vida y una nueva visión de la esperanza y de las relaciones humanas. Sin embargo, para mucha gente es un mero adorno y, cuando quieren leer libros que les ayuden a ver la vida con otros ojos, recu­rren a textos más modernos, de autoayuda. 

¿Es acaso la Biblia un libro pasado de moda, obsoleto, carente de valor, arcaico y rancio, cuyos mensajes no sirven de utilidad a las personas que vi­vimos en esta sociedad posmoderna? En nuestro deseo de formar a las nuevas generaciones con valores y principios, ¿a qué otro texto podríamos recurrir? ¿Cómo serán nuestros niños hombres y mujeres de principios en el futuro, si los dejamos a la deriva, sin un texto fundamental en el que basar sus más pro­fundas convicciones? ¿Es acaso la pluma de filósofos, psicólogos, estudiosos y científicos, la que debe marcar la senda del ser humano? 

Respondo con la voz del profeta, que se levanta diciendo: “¡Bendito el hom­bre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová!” (Jer. 17:7, RVR 95). ¿No es acaso la Biblia la que nos presenta cómo es Jehová, dándonos así motivos para confiar en él al ver cómo ha actuado en el pasado, cómo nos ama, y qué planes tiene para nosotros?

Madres, maestras, hermanas, abuelas, convirtámonos en sembradoras de la semilla del evangelio, poniendo al alcance de nuestros niños y jóvenes la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras, para que recurran a ellas en su des­cubrimiento progresivo de quién es Dios, qué es la vida y cómo tiene sentido vivirla. No permitamos que lecturas contrarias a la voluntad de Dios llenen nuestras bibliotecas, convirtiéndose en el referente que tengan nuestros hijos. Procuremos que, al irse a dormir, nuestros niños y jóvenes sean arrullados por las dulces promesas de Dios, y que al levantarse sepan con claridad por dónde caminar, hasta que los llevemos a las puertas mismas del cielo.

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