Sábado 24 de Diciembre de 2022 | Matutina para Mujeres | Eunoia

Eunoia

“A eso se refieren las Escrituras cuando dicen: ‘Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman’ ” (1 Cor. 2:9, NTV).

La primera vez que comí mangos fue en Brasil. Mi mamá y yo estábamos visitando a su amiga Mariley, en Taquara. ¡Recuerdo ese día como si fuera ayer! Estaba sentada en la cocina de Mariley, comiendo la pulpa dulce de un mango, con el jugo escurriéndose por la comisura de mis labios, preguntándome cómo había pasado toda la vida sin probar esta delicia; sin saber que existía. Al regresar a Argentina e intentar describir el sabor y la textura del mango, les dije a mis amigas que, si un durazno y un ananá se casaran, sus hijitos serían mangos. Muchas veces hacemos esto: usamos el lenguaje y los conceptos que conocemos para intentar describir realidades nuevas.

Los traductores se encuentran con este desafío a diario. Interpretar un concepto de una lengua a otra es un verdadero arte; y algunas veces, es francamente imposible. A una palabra que no se puede traducir se la denomina eunoia (en griego, “pensamiento bello”). Uno de mis ejemplos preferidos es mamihlapinatapei.

En yagán, una de las lenguas indígenas de Tierra del Fuego, Argentina, esta palabra describe la mirada cargada de significado que comparten dos personas que desean iniciar algo, pero que no se animan a dar el primer paso. El idioma alemán tiene muchísimas palabras imposibles de traducir, como por ejemplo sandkastenfreund. Esta palabra se usa para describir a un amigo de la infancia y, literalmente, significa “amigo del arenero”.

Cuando Pablo intenta describir la belleza y la hermosura del plan de Dios, sabe que no hay palabras que se estiren lo suficiente como para abarcar este concepto. En la carta a los corintios, Pablo básicamente dice que lo que Dios preparó es eunoia; demasiado bello y profundo como para ser traducido. Sin embargo, el apóstol agrega que hemos recibido el Espíritu de Dios para revelarnos los más profundos secretos. ¡Qué privilegio! El Espíritu mismo nos enseña y nos continuará enseñándo aun en la Tierra Nueva. Pasaremos la eternidad descubriendo nuevas profundidades del insondable amor de Dios.

Señor, mi imaginación no puede abarcar tu belleza, ni mi mente comprender lo que tú has planeado para los que te aman. Te agradezco porque cada día trae una revelación más profunda de tu amor y poder.

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