Viernes 03 de Diciembre de 2021 | Matutina para Mujeres | Los secretos para construir bien un hogar – III

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Los secretos para construir bien un hogar – III

“¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos! Es como el buen perfume que corre por la cabeza de los sacerdotes y baja por su barba hasta el cuello de su ropaje” (Sal. 133:1, 2).

En la familia todos somos importantes. La terapeuta y autora Virginia Satir escribió al respecto: “En una familia, todos aportamos, con nuestro cuerpo, expectativas, valores y conocimiento”. Cuando el cuerpo se mueve, envía mensajes a las personas de nuestro entorno, que se hacen receptores de estos mensajes. Ya sea un puño cerrado, una mano alzada, un ceño fruncido, un salto o una inclinación de la cabeza, todo habla sin que usemos las palabras; y ese lenguaje corporal, no verbal, es entendido por nues­tros familiares. Muchas veces, con nuestro lenguaje corporal, afectamos al receptor de una manera negativa. Por eso es necesario que cuidemos nuestro lenguaje corporal para no causar daño; debe haber total coherencia entre nuestras palabras habladas y nuestro lenguaje no verbal. 

Lo que un niño quiere es jugar todo el tiempo; lo que un padre quiere es básicamente trabajar y mantener económicamente a su familia; lo que una madre quiere es cuidar del hogar; lo que un joven quiere es estudiar… Como ves, cada miembro de la familia tiene unos anhelos diferentes; para lograr armonizarlos es necesario conocer, primero, qué es lo que Dios quiere para sus hijos.

Dios ha puesto en nosotros los cinco sentidos, con sus delicados mecanis­mos para que disfrutemos lo que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos. Hagamos uso de estos dones en la familia; es importante que nos miremos más, nos toquemos más, e incluso que nos saboreemos y olamos más. Hacer esto es un método infalible para tocar los corazones. 

Los niños pequeños valoran el tiempo que sus padres les dedican; los jóvenes valoran la discreción de sus padres, saber que pueden ir a ellos con total confianza; la madre valora cuando su familia le brinda momentos de descanso, y el padre valora ser apreciado por sus seres queridos en todos los esfuerzos que hace a favor de ellos. En consecuencia, cada uno desde su propia perspectiva adquiere y comparte conocimiento. Hay que aprender a jugar con los niños, a conversar con los jóvenes, a sacrificarse como mamás y a reconocer los esfuerzos de papá. Esos son cimientos sólidos sobre los que construir un hogar.

Haz de tu hogar el mejor nido para ser cuidado, la mejor escuela para aprender y el mejor ejemplo de lo que será vivir en el cielo.

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