Viernes 03 de Junio de 2022 | Matutina para Mujeres | Postales

Postales

“Entonces Eliseo oró: ‘Oh Señor, ¡abre los ojos de este joven para que vea!’ ” (2 Rey. 6:17, NTV).

Imagina que estás sentada en una inmensa catedral, en la que hay tan solo una o dos personas. De repente, ves a un ángel volar desde el cielo con una cinta métrica en su mano. En cuanto ingresa en la catedral, el ángel comienza a medirla, a notar su largo y su ancho, para asegurarse de que haya suficiente espacio. ¿No te parecería extraño? ¿No le preguntarías al ángel qué está haciendo? Hay tan solo un par de personas en la catedral. ¡Sobra espacio! Esto, precisamente, fue lo que le sucedió al profeta Zacarías. En una visión, vio a un ángel que medía la ciudad de Jerusalén. En los días del profeta Zacarías, solo un pequeño grupo de los cautivos había regresado de Babilonia para reconstruir y repoblar Jerusalén. Tenían espacio de sobra, ¡lo que le faltaba eran personas! Sin embargo, Dios le dio una visión de la gloria venidera, invitándolo a que, con los ojos de la fe, viese las multitudes que nuevamente morarían en la ciudad. Dios prometió que habría tanta gente que habitarían más allá de las murallas. Pero aun fuera de las murallas estarían seguros porque: ‘ “Yo seré como una muralla de fuego a su alrededor, viviré en ella y le daré gloria’. Lo dice el Señor” (Zac. 2:5, PDT).

Todas tenemos etapas y áreas de nuestras vidas que parecen tan desoladas y tristes como Jerusalén en el tiempo de Zacarías. Sin embargo, Dios quiere darnos una visión de lo que vendrá. Tomando una foto del futuro, una postal de un lugar que aún no hemos visitado, Dios nos la envía y en el reverso escribe: “¿Ves? Las cosas cambiarán. Sigue avanzando por fe. Besos, Papá”. Entonces, tenemos dos opciones: podemos tomar una tachuela y clavar esa postal al marco de madera del espejo, para verla y recordarla cada día, o podemos meterla en un cajón y olvidarnos pronto de ella.

Caminar por fe implica que hemos observado tanto esa postal, que ya conocemos el paisaje de memoria. Cada árbol, cada rayo de sol y cada montaña están grabados para siempre en nuestras retinas. Con los ojos de la fe, vemos una realidad más verdadera que la realidad; como cuando el siervo de Eliseo pudo ver que la montaña estaba llena de caballos de fuego y carros listos para defenderlos (2 Rey. 6:1517). A lo que sea que te estés enfrentando hoy, cualquier desafío, desesperanza o lucha, míralo con los ojos de la fe. No temas. ¡Hay muchos más de tu lado que contra ti!

Señor, al comenzar este día, ayúdame a ver las cosas como tú las ves y a avanzar por fe, confiando en tus cuidados y promesas.

Comparte este devocional
Deja tu comentario

1 comentario
A %d blogueros les gusta esto: