Viernes 04 de Febrero de 2022 | Matutina para Adultos | Todo es para bien

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Todo es para bien

“Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien” (Romanos 8:28).

¿Podría ocurrir que la experiencia más amarga por la que una persona haya pasado se convierta en la mayor de sus bendiciones? Si le pudiéramos preguntar a Fiódor Dostoievski, el célebre novelista ruso, muy probablemente nos respondería con un sí rotundo.

Cuando Dostoievski era todavía un joven, fue arrestado por participar en reuniones de una agrupación política que el Zar consideró que tenía propósitos subversivos. Dostoievski y otros jóvenes fueron inicialmente condenados a ocho años de trabajo forzado, pero luego la sentencia fue cambiada por el fusilamiento.

Según nos cuenta Charles Colson, el día de la ejecución Dostoievski y sus amigos fueron colocados en frente del pelotón de fusilamiento, listos para ser abatidos. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, en lugar de disparos, lo que escucharon fue el sonido de tambores en señal de retirada. ¿Qué había sucedido? El Zar había cambiado la sentencia: en lugar de ser fusilados, irían al exilio en Siberia. Dice el relato que desde un principio la intención del Zar no era fusilarlos, sino hacerlos escarmentar. Sin embargo, el impacto de esa experiencia fue tan grande que, en una carta a su hermano, Dostoievski escribió: “He renacido para una nueva vida, hermano. Juro que nunca perderé la esperanza y que mantendré mi alma y mi corazón puros” (The Good Life, p. 23).

Lo que Dostoievski nunca imaginó fue que en Siberia le esperaba una experiencia aún más significativa, una que lo impactaría por el resto de su vida. Al llegar al lugar de su exilio, sin que los guardias se percataran, dos mujeres colocaron en sus manos un ejemplar del Nuevo Testamento. Según contó su hija Aimee, el gran escritor encontró en la Palabra de Dios la paz y el consuelo que su corazón tanto anhelaba. Dice ella que lo leyó de tapa a tapa y memorizó pasajes, razón por la cual la influencia de la Escritura se deja ver en algunas de sus obras.

¿Qué pasaje del Nuevo Testamento llegó a ser su favorito? Cuando la hora de su muerte se acercaba, reunió a la familia y pidió que le leyeran la Parábola del Hijo Pródigo. Al finalizar el relato, les dijo: “Nunca olviden lo que acaban de escuchar. Tengan plena fe en Dios y nunca duden de su perdón. Los quiero inmensamente, pero mi amor [por ustedes] en nada se compara con el amor del Padre por aquellos a quienes él creó” (Boreham, Life Verses, p. 97).

Señor, aunque ahora yo no lo entienda, ayúdame a creer que lo que tú permitas que me suceda siempre será para mi bien.

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