Viernes 04 de Marzo de 2022 | Matutina para Adolescentes | Carrera transcontinental a pie

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Carrera transcontinental a pie

“Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia,y corramos con paciencia la carrera que tenemospor delante” (Hebreos 12:1, RVR 95).

¿Te gusta correr? ¿Te gusta ver a otras personas correr maratones? Una de las primeras carreras pedestres transcontinentales que se registraron en los Estados Unidos comenzó el 4 de marzo de 1928. Era una competencia de costa a costa que se extendía desde Los Ángeles, California, hasta el Madison Square Garden, en Nueva York. Un grupo de 275 corredores comenzó la carrera, pero solo 55 la terminaron. El recorrido llevaba a los participantes junto a ríos y montañas, a través de desiertos y de bosques. Tenía una longitud de 5.507 kilómetros y duró 84 días. El primer lugar lo ganó un indio cheroqui de Oklahoma, llamado Andrew Payne. Completó la carrera en poco más de 573 horas y cobró un premio de 25.000 dólares. Eso es mucho dinero hoy en día, y ¡era mucho más en 1928!: hoy eso representaría alrededor de medio millón de dólares!

¡Increíble! ¡Una carrera que se extendió por todo Estados Unidos! Si uno participara de una competencia así, tendría que correr, en promedio, unas siete horas cada día. Me gustaría pensar que podría hacerlo pero, probablemente, nunca lo lograría.

Hay otra carrera que todos podemos correr. Es una carrera que requiere resistencia. Y antes de empezar, debemos estar dispuestos a dejar de lado todo lo que nos frena. La carrera de la que hablo es nuestra carrera hacia el cielo. No tenemos que llegar antes que los demás; solo tenemos que llegar. Todos podemos ser ganadores, pero es una carrera contra el tiempo. Satanás sabe que no le queda mucho tiempo, y quiere que el mayor número posible de nosotros se fatigue, se desanime, se distraiga y abandone la carrera. Llevará a cabo cualquier plan nefasto que se le ocurra: engañarnos, desviarnos del camino, susurrarnos al oído tentaciones para que abandonemos.

Jesús, en cambio, quiere que todos ganemos la carrera. Él está con nosotros en la línea de salida, a cada paso del recorrido y en cada estación de descanso, y nos espera en la línea final.

Si lo buscas sinceramente, lo verás correr contigo. Lo oirás susurrarte palabras de ánimo al oído, y también lo verás delante, pidiéndote que sigas sus pasos. Él quiere desesperadamente que alcances la meta y cruces la línea de llegada. El premio que te espera es una amistad eterna, cara a cara, con Aquel que nunca pensaría en dejarte correr solo.

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