Viernes 13 de Agosto 2021 | Matutina para Jóvenes | Un encuentro con los cansados

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“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (Mat. 11:28-30, NVI).

Seguramente has experimentado el placer de quitarte una pesada mochila alguna vez, o de recostarte después de un día muy agitado. Esa descarga puede venir acompañada de un suspiro o de un dejar caer los brazos y relajarse. Prueba ahora. Prueba relajarte.

Debiéramos hacer este ejercicio varias veces al día. Muchas veces no nos damos cuenta de lo tensionados que estamos hasta que soltamos algo o hasta que alguien pone una mano sobre nuestro hombro. Pareciera que, en el frenesí de este mundo, vivimos en constante alerta y las cargas más pesadas las llevamos en la mente, así que en realidad el ejercicio de relajarse puede ser mucho más complejo de lo que nos imaginamos. 

Pero Jesús hoy conoce nuestra situación. Conocía la situación de las personas de esa época también. Luchaban por pagar sus impuestos a un gobierno que los extorsionaba, luchaban por cumplir las exigencias religiosas, luchaban con el ruido interno que se genera cuando hay incoherencias en el liderazgo o cuando uno mismo sabe algunas cosas y no las cumple.

Ellos también tenían sus cargas, y Jesús quería sostenerlas. En su invitación, Jesús da tres órdenes: (1) Vengan, (2) carguen, (3) aprendan. Para la primera orden, que consiste simplemente en ir a él, se da la promesa “yo les daré descanso”. Para la segunda y la tercera, que implican algo que tenemos que hacer, se da la misma promesa: “Encontrarán descanso”.

Al estar sumidos en nuestro yo, nos volvemos inquietos. Pero no es la actividad mundanal o la que nosotros producimos la que tiene que manejarnos. El yugo que Jesús nos propone es uno de confianza en él, de servicio, de salvación, para humillarnos y sentarnos a sus pies a aprender. Cuanto más recibamos del Espíritu Santo, más liviana será nuestra carga y más fructífera nuestra obra.

“Cuando nuestra voluntad esté absorbida en la voluntad de Dios, y usemos sus dones para bendecir a otros, hallaremos liviana la carga de la vida. El que anda en el camino de los mandamientos de Dios camina en compañía de Cristo, y en su amor el corazón reposa” (El Deseado de todas las gentes, p. 298).

¿Estás cansado? Ve a él, que quiere ponerte su yugo fácil y liviano.

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