No somos salvados por apoderado – 25 de marzo

No somos salvados por apoderado – 25 de marzo

Así que cada uno examine su obra, y entonces tendrá gloria sólo respecto de sí mismo, y no en otro. Gálatas 6:4.

Nadie puede servir a Dios mediante apoderado. Hay muchos que dan la impresión de que piensan que en este mundo hay alguien más poderoso que Cristo, sobre el cual pueden confiar, y en lugar de ir directamente a Cristo tal como son, y entregarse sin reservas a él, salen en busca de ayuda humana. Dios quiere que tengamos una experiencia individual. … Yo no puedo forjar un carácter por Ud., y Ud. no puede forjar un carácter por mí.—The General Conference Bulletin, 23 de abril de 1901, 424.

El Evangelio trata con las personas individualmente. Cada ser humano tiene un alma para salvar o perder. Cada uno tiene una individualidad separada y diferente de la de todos los demás. Cada uno debe convencerse por sí mismo, y convertirse por sí mismo. Debe recibir la verdad, arrepentirse, creer y obedecer por sí mismo. Debe ejercitar su voluntad por sí mismo. … Cada uno debe entregarse a Dios por un acto de su propia voluntad.—Manuscrito 28, 1898, pp. 2.

El Señor no quiere que se destruya nuestra individualidad; no es su propósito que dos personas sean exactamente iguales en gustos y disposiciones. Todos tienen características peculiares, y éstas no deben destruirse, sino educarse, moldearse, transformarse a la similitud de Cristo. El Señor convierte las actitudes y las capacidades naturales, en instrumentos provechosos. En el desarrollo de las facultades que Dios ha dado, los talentos y las habilidades crecen, si el instrumento humano reconoce el hecho de que sus facultades le han sido confiadas por Dios, para ser usadas, no con propósitos egoístas, … sino para la gloria de Dios y el bien de sus semejantes.—Carta 20, 1894, pp. 1.

A cada hombre, Dios—no el hombre—ha dado su obra. Esta es una obra individual: la formación del carácter según la similitud divina. El lirio no debe tratar de ser como la rosa. Hay diferencia en la formación de las flores y en los frutos, pero las características de cada una derivan de Dios. … Es el propósito de Dios que aun los hombres mejores no sean todos del mismo carácter. Una vida consagrada al servicio de Dios, se desarrollará y adquirirá hermosura en su individualidad.—Manuscrito 116, 1898, pp. 5.


Libro: Nuestra Elevada Vocación | Fecha: 25 de marzo

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