Domingo 09 de Enero de 2022 | Matutina para Adultos | «Recuerda siempre quién eres»

«Recuerda siempre quién eres»

«¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?». Romanos 6:1, NVI

NUESTRO TEXTO DE HOY da a entender que en la iglesia cristiana de Roma algunos estaban tergiversando las palabras del apóstol Pablo cuando expresó que al abundar el pecado, sobreabundaba la gracia. ¿En qué consistía, básicamen­te, el argumento de esos críticos?

Su argumento consistía en que si la gracia de Dios era, en verdad, tan abundan­te a la hora de perdonar, ¿entonces qué había de malo en seguir pecando, para que su gracia los siguiera perdonando? Dicho en pocas palabras, «hagamos lo malo pa­ra que venga lo bueno» (Rom. 3: 8, NVI).

¿Cómo respondió el apóstol a esta lógica de «persistir en el pecado para que la gracia abunde»? Diciendo, enfáticamente: «¡Claro que no! Nosotros ya hemos muerto respecto al pecado; ¿cómo, pues, podremos seguir viviendo en pecado?» (Rom. 6: 2, DHH). Es decir, así como Cristo murió y resucitó de los muertos, para gloria del Padre, así también ustedes han muerto al pecado y nacido a una nueva vida.

¿Cuál es la implicación para nosotros, los que vivimos en el siglo XXI? John R. Stott responde muy bien esta pregunta cuando escribe que constantemente he­mos de recordamos a nosotros mismos quiénes somos y lo que significa haber entre­gado nuestra vida al Señor Jesús. «¿No sé acaso quién soy? —pregunta Stott—». A lo cual he de responder: «Sí sé quién soy: una nueva criatura en Cristo, y por la gracia de Dios viviré como lo que soy».*

¡Ahí está! ¿Cómo puedo seguir viviendo en pecado si ya no soy lo que antes era? ¿Cómo puedo seguir con un estilo de vida caracterizado por el vicio, la luju­ria y la mentira después de todo lo que ocurrió en la cruz del Calvario? ¡De ninguna manera!

El mismo Stott ilustra bien esta hermosa verdad al recordar un detalle relacio­nado con la muerte del Duque de Windsor el 28 de mayo de 1972. Cuenta Stott que ese día los medios de comunicación trasmitieron los pasajes más importan­tes de su vida. En uno de ellos, aparecía él cuando, todavía siendo niño, recordaba las palabras de su padre, George V: «Mi padre era muy estricto. Cuando yo hacía algo malo, él me amonestaba diciendo: “Mi querido hijo, siempre debes recordar quién eres»».**

No encuentro mejor manera de comenzar este nuevo día que imaginando a nuestro amante Padre celestial diciéndonos desde su trono: «Hijo mío, hija mía, recuerda hoy quién eres: un príncipe, una princesa, del reino celestial».

Oh, Padre celestial, ayúdame hoy a vivir como lo que soy: una nueva criatura en Cristo; un principe, una princesa, de tu reino eterno.

*John R Stott, The Message of Romans, Inter-Varsity Press, 1994, p. 187 ** Ibid., pp 187-188; la cursiva ha sido añadida.

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