Domingo 10 de Abril de 2022 | Matutina para Adolescentes | Un simple artilugio

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Un simple artilugio

“Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” (Juan 6:8, 9, RVR).

¿Te has preguntado alguna vez cómo surgió una cosa tan ingeniosa como el imperdible (alfiler de gancho)? Realmente es un truco bastante sencillo, y la historia de cómo se inventó es casi igual de sencilla. El 10 de abril de 1849, un hombre llamado Walter Hunt, de la ciudad de Nueva York, ideó el concepto. En solo tres horas pensó en la idea, hizo la muestra y vendió la idea a un fabricante por cien dólares. Eso no parece mucho dinero, y no lo era para un artilugio tan innovador. Aun así, hoy ese dinero valdría unos 3.200 dólares.

¿Te lo imaginas? Cien dólares por una idea tan sencilla y por tan poco esfuerzo. Y probablemente se hayan fabricado miles y miles de millones de imperdibles por millones y millones de dólares desde que se inventó. Los utilizamos para muchas cosas: cerrar un vestido o un pantalón al que le falta un botón; para sujetar unas cortinas que se caen; o prender algo a alguien, como una flor o una cinta. Y, por supuesto, los usábamos mucho más cuando no existían los pañales desechables. ¿Quién iba a pensar que un imperdible podía ser tan valioso? Es un artilugio muy pequeño, pero muy ingenioso. Walter Hunt, de Nueva York, probablemente no se dio cuenta de la importancia que iba a tener.

La Biblia está llena de ejemplos de cosas pequeñas que terminaron siendo muy importantes. Mientras Jesús estaba compartiendo las verdades doradas del cielo en la ladera de una colina un día, miles de personas se acercaron a él tanto como pudieron. Sus mensajes eran tan reveladores y fascinantes que no se dieron cuenta de que habían pasado todo el día sin comer. Los discípulos sabían que no tenían comida para dar a la multitud de hombres, mujeres y niños. Pensaron en ir a la ciudad a buscar algo pero, por supuesto, no tenían dinero suficiente. Entonces, Jesús les sugirió que dieran a la gente lo que tenían. Buscaron un poco, y encontraron a un niño que tenía cinco panecitos y dos peces. Jesús tomó este almuerzo e hizo lo imposible, algo que nadie soñó que pudiera hacer: alimentó a las masas hambrientas.

Jesús no esperaba nada de sus seguidores, sino que le dieran lo poco que tenían. Hoy puedes estar rodea­do de gente hambrienta. Jesús te pide lo que tienes, pero no te preocupes si no es mucho. Lo importante no es cuánto tienes, sino que se lo des todo a él.

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