Jueves 21 de Abril de 2022 | Matutina para Adultos | No se quedó “a mitad del camino”

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No se quedó “a mitad del camino”

“Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció y el velo del Templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’ ” (Lucas 23:44-46).

Todos los relatos paralelos de los Evangelios afirman que, poco antes de morir, Jesús “clamó a gran voz” y luego “entregó el espíritu” (Mat. 27:50; Mar. 15:37; Luc. 23:46). El apóstol Juan, sin embargo, se limita a registrar sus últimas palabras: “Consumado es”. ¿Qué quiso decir?

Además de haber completado la misión que su Padre le había encomendado, proclama su contundente victoria sobre las fuerzas del mal, tal como nos dice El Deseado de todas las gentes: “Cristo no entregó su vida hasta que hubo cumplido la obra que había venido a hacer, y con su último aliento exclamó: ‘Consumado es’. La batalla había sido ganada. Su mano derecha y su brazo santo le habían conquistado la victoria” (p. 706).

Desde el momento en que el Salvador nació en este mundo, Satanás resolvió derrotarlo. Y eso era lo que parecía estar sucediendo mientras Jesús pendía del madero. Si, en respuesta a las burlas de la multitud, Jesús hubiera hecho un milagro para salvarse a sí mismo, hoy estaríamos “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efe. 2:12). Cuando exclamó “Consumado es”, el Capitán de las huestes celestiales terminó gloriosamente lo que había comenzado y aseguró para siempre la salvación a todos los que en él creemos.

En otras palabras, nuestro Señor “no se quedó a mitad del camino”, como sucedió a un hombre cuyo cadáver fue encontrado en el monte McKinley, en Alaska. Cuenta Clovis G. Chappell que el hombre murió sentado al pie de un árbol. En la corteza había dibujado un dedo que señalaba hacia el lugar donde él estaba sentado, y seguidamente se podía leer una inscripción que decía: “El final del camino”. Al parecer, este hombre se había propuesto llegar a la cumbre, pero cuando se dio cuenta de que no lo lograría, se resignó a morir a mitad de camino (Preaching on the Words of Jesus, p. 59).

No fue este el caso de nuestro Señor. Aunque él fue el blanco de los más fieros ataques de Satanás, completó de manera perfecta la misión que lo trajo a este mundo. Y porque no se quedó “a mitad de camino”, hoy tú y yo podemos celebrar juntos, porque su victoria es nuestra victoria.

Gracias, bendito Jesús, porque recorriste por entero el sendero desde el pesebre hasta el Calvario con tal de salvarme. Gracias, además, porque tu victoria asegura que yo también completaré victoriosamente mi carrera.

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