Jueves 29 de Septiembre de 2022 | Matutina para Adultos | ¿Constructor de mi propia torre?

¿Constructor de mi propia torre?

“En aquel tiempo todo el mundo hablaba el mismo idioma. Cuando salieron de la región oriental, encontraron una llanura en la región de Sinar y allí se quedaron a vivir. Un día se dijeron unos a otros: […] ‘Vengan, vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. De este modo nos haremos famosos y no tendremos que dispersarnos por toda la tierra’ ” (Génesis 11:1, 2, 4, DHH).

Los constructores de la torre de Babel querían “ascender” hasta el cielo, pero Dios “descendió” y puso fin al proyecto al confundir sus lenguas. ¿Por qué?

Dios confundió sus lenguas porque los constructores de la torre estaban desobedeciendo la orden divina de diseminarse por toda la tierra: “Fructificad, multiplicaos y llenad la tierra”, había sido la orden a Noé después del diluvio.

Había, además, otra razón para abortar la obra: la torre sería no un monumento al nombre de Dios, sino al orgullo humano: “Vamos a construir una ciudad y una torre que llegue hasta el cielo. De este modo nos haremos famosos” (Gén. 11:4), razonaron. ¡Con razón Dios desbarató el proyecto! Lo que concibieron como un monumento al poder humano terminó siendo un monumento a la estupidez. Dios no solo confundió su lenguaje, además “los dispersó desde allí por toda la tierra” (vers. 8, NVI). Es decir, el propósito original de Dios, de poblar la Tierra, se cumplió de todas maneras; no sin antes hacer polvo los intentos de los constructores de buscar gloria aparte de Dios.

¿Alguna lección para nosotros? ¡Absolutamente! Mientras escribo estas palabras, no puedo evitar preguntarme: ¿hay alguna ‘torre’ que ahora mismo, quizá sin darme cuenta, estoy construyendo en mi vida? ¿La gloria de quién estoy buscando?

Por cierto, no hay nada malo en que, por ejemplo, logres un grado académico, adquieras una hermosa casa, te asciendan en el trabajo, etc. Pero si el objetivo es llamar la atención de la gente a tu persona, a tus logros, ciertamente estás construyendo una “torre”, pero no para la gloria de Dios, sino para tu gloria. Y si este es el caso, al final todo ese esfuerzo terminará en vergüenza, porque solo Dios es digno de alabanza.

Algo más: no hace falta una torre para subir al cielo; solo basta que en nuestro corazón more Aquel que descendió del cielo para salvarnos. ¿Le abriremos hoy la puerta?

Amado Padre celestial, que el amor de Jesús inunde hoy mi corazón, de modo que mi valía personal se edifique no sobre la base de quién soy, o qué tengo, sino sobre la base de quién tú eres.

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