Jueves 30 de Diciembre de 2021 | Matutina para Mujeres | ¿Vivir para existir, o existir para vivir?

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¿Vivir para existir, o existir para vivir?

“De su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16, RVR 95).

Una de las frases más impactantes de Dostoyevski es esta, que hace referencia al significado de la vida: “El secreto de la existencia humana no solo está en vivir, sino también en saber para qué se vive”. Dime, querida amiga que lees estas líneas, ¿sabes tú para qué vives? ¿Has descubierto el secreto de tu existencia? ¿Simplemente existes (sobrevives) o vives plenamente, con un propósito claro y definido en tu mente?

La era de los robots ha llegado; estos son capaces de imitar con precisión las acciones humanas, generando tal asombro, que a veces olvidamos que solo son máquinas animadas, que nunca llegarán a ser humanos porque les falta alma, espíritu, emociones; y eso nunca será posible replicarlo en una máquina. Sin embargo, el otro lado de la existencia nos muestra a seres huma­nos, hechos por Dios con especial cuidado, actuando como robots; progra­mados por la cultura, la sociedad o la costumbre para seguir patrones de vida que nos alejan de la sensibilidad humana, que es la que da calidad y sen­tido a la vida. 

Es a través del Espíritu Santo como nos conectamos con Dios y con los que nos rodean. Sin embargo, muchas personas, entre ellas mujeres cristianas, parecen conformarse con ofrecer un rostro frío, indiferente y frívolo. Maniquíes humanos que caminan por las calles, indiferentes a la necesidad del prójimo; madres robotizadas que asumen las rutinas del hogar pero están ajenas a la soledad del niño. Adustas e implacables, aplican disciplina sin bondad. Gente que existe porque respira, se mueve y actúa, pero sin disfrutar de los pe­queños placeres de la vida. Este es un panorama desolador.

Hoy es tiempo de vivir, no solo de existir. Tienes derecho a vivir la vida in­tensamente, disfrutando en comunión con Dios. Regocíjate por lo que él te otorga cada instante; disfruta la vida amando, atesora y recréate en gratos recuerdos, encuentra aprendizaje en tus errores, consuela, acompaña, muestra afecto, plasma tu esencia de mujer en todo lo que digas y hagas, valora lo que tienes y agradece por lo que no tienes, y sobre todo reconócete como una hija de Dios, amada y llena de gracia. ¿Por qué conformarte con simplemente existir si puedes vivir la vida a plenitud?

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