Viernes 21 de Enero de 2022 | Matutina para Mujeres | Hija de Dios

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Hija de Dios

«A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios» (Juan 1: 12, NVI).

«¿Todavía no te casaste?» Aunque he escuchado esta pregunta cientos de veces, nunca sé qué responder. «Pero eres demasiado linda para ser soltera», dice la gente, con buenas intenciones, pero dejando entrever que creen que solo la gente fea sigue soltera después de cierta edad. Lamentablemente, la iglesia puede ser un espacio bastante tóxico para las mujeres solteras; un lugar donde se las hace sentir inferiores por no haber podido o no haber querido formar una familia.

La escritora estadounidense Elyse Fitzpatrick, en Good News for Weary Women [Buenas noticias para las mujeres cansadas], comenta: «Es abrumador y bíblicamente insostenible decirle a una mujer que la única actividad valiosa que puede hacer es dar a luz hijos y servir a un esposo y una familia». Pero esta idea oprime no solo a las mujeres solteras, sino también a las casadas, «haciendo que el éxito como ama de casa/madre sea la vocación más importante en la vida de una mujer. Y aúne es un gran llamado, no debería triunfar sobre nuestro primer y más importante llamado: creer en Cristo».

Tu estado civil no es el barómetro de tu valor como persona. Así tengas un marido y siete hijos fabulosos, o no hayas tenido una sola cita en siete años, tu estado civil ­no te define. Casadas, solteras, viudas o divorciadas, todas le pertenecemos a Cristo y solo él tiene derecho a definirnos. En The Single Issue [El problema de la soltería] el autor cristiano Albert Hsu señala que, «en abrupto contraste con el pensamiento convencional judío, Jesús enseñó que la salvación no se encuentra en el matrimonio, y que la vida eterna no viene a través de engendrar hijos que continúen con el apellido familiar». Recibimos nuestro sentido de valor y dignidad cuando nos «identificamos con el reino de Dios».

Aprender a identificarnos con el reino de Dios y con sus valores lleva tiempo ¡pero vale la pena! Es un proceso en el que aprendemos a soltar etiquetas para recibir a cambio un título poderoso: «Hija de Dios». ¡La sangre de Cristo define tu valor! Aprender a confiar en esta verdad nos permite servir en todas y cada una de las etapas de la vida, con sus bendiciones y desafíos específicos.

Señor, cuando me sienta tentada a permitir que mis circunstancias me llenen de orgullo o de vergüenza, recuérdame que solo tú puedes definir mi valor como persona. Casada, soltera, con hijos o sin ellos, te pertenezco y quiero vivir para servirte.

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