Lunes 03 de Enero de 2022 | Matutina para Mujeres | Indignado

Indignado

«En cambio, el líder a cargo de la sinagoga se indignó de que Jesús la sanara en un día de descanso»

(Luc. 13:14, NTV).

Muchas veces me pregunto de dónde sacamos la idea de que Dios nos tolera, en lugar de amarnos entrañablemente. Al seguir leyendo la historia de la mujer encor­vada a la que Jesús sanó, notamos que esta errónea idea puede surgir de nuestra ex­periencia con otros creyentes. Lamentablemente, aunque la columna vertebral de esta mujer estaba arruinada por la enfermedad y ella vivía doblada de dolor, no todo el mundo celebró con entusiasmo cuando Jesús la sanó. «El líder a cargo de la sinagoga se indignó de que Jesús la sanara en un día de descanso» (Luc. 13:14, NTV). La mujer había padecido por dieciocho años pero, al verla sana, el líder de la sinagoga se indignó. ¿Cómo es posible una reacción así ante un hecho semejante? Creo que tiene que ver con la imagen mental que tenemos de Dios. Si pensamos que es un juez frío e inaccesible, un aguafiestas que nos prohíbe disfrutar, un padre severo que exige de sus hijos exactamente aquello que más miedo les produce, entonces vamos a pretender que otros vivan tan obsesionados con las reglas como nosotras.

Las palabras más duras de Jesús registradas en los Evangelios son siempre diri­gidas a los líderes de la fe que proyectaban una imagen falsa de Dios (nunca a los pecadores que buscaban ayuda). «El Señor respondió: “¡Hipócritas! […] ¿Acaso no desatan su buey o su burro y lo sacan del establo el día de descanso y lo llevan a tomar agua? Esta apreciada mujer, una hija de Abraham, estuvo esclavizada por Satanás durante dieciocho años. ¿No es justo que sea liberada, aun en el día de descanso?”» (Luc. 13:15-16, NTV). Generalmente tendemos a suavizar la persona­lidad de Jesús y a pasar por alto sus «exabruptos»; hoy te pido que no lo hagas. Presta atención a cada palabra que dijo. ¡Bébelas, porque son gotas de agua viva! Jesús nos está haciendo reflexionar. ¿Realmente creemos que Dios tendrá menos com­pasión de nosotras que la que tenemos de un animal?

Una de las tácticas del enemigo es proyectar sus defectos en Dios. Imagina que tienes una enfermedad terminal y hay un doctor que puede curarte. Sin embargo, alguien te hace creer que ese doctor te odia y que si le pides ayuda intentará matarte. ¿No correrías espantada? ¡Por eso Jesús se enojó tanto! Él estaba diciéndoles a los líderes de la iglesia: «No, ese no es Dios». Jesús vino para desenmascarar al ene­migo y revelar el amor entrañable del Padre.

Señor, ¡gracias por tu inmenso amor!

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