Lunes 04 de Abril de 2022 | Matutina para Jóvenes | Del ejército al ministerio

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Del ejército al ministerio

«Él cuida los pasos de sus fieles, pero los malvados mueren en la oscuridad, porque nadie triunfa por la fuerza». 1 Samuel 2: 9

Había pasado gran parte de su vida en el ejército. Era parte de un comando especial que luchaba contra los grupos armados. En sus momentos libres solía visitar la Iglesia Adventista y aprovechaba para aprender de la Palabra de Dios. En varias ocasiones había recibido la invitación a entregar su vida a Jesús mediante el bautismo, pero él pensaba que no era necesario. Era joven, estaba lleno de energía y tenía una carrera promisoria por delante. ¿Qué otra cosa podía pedirle a la vida? Muy a menudo pensaba en una de las jóvenes que había conocido en la iglesia y en lo maravilloso que sería formar un hogar con ella. Pero cuando esto ocurría sacudía su cabeza y pensaba en la patria, en los peligros que acechaban a la nación y en la necesidad de un ejercito sólido compuesto por hombres comprometidos como él.

Un día, mientras rastreaban algunos prófugos, llegaron a una parte del camino que puso indeciso al teniente que marchaba al frente del pelotón. Al ver la duda en los ojos de su superior, un extraño presentimiento comenzó a invadirlo. Esperaron con calma la decisión del teniente para saber qué camino seguir. Cuando llegó la orden de avanzar, miró hacia la dirección señalada y sintió que no era la decisión correcta y que les podría costar la vida. Pero en el ejército hay que obedecer a los superiores sin cuestionar.

No habían avanzado mucho cuando una fuerte explosión lanzó a varios soldados por los aires y, acto seguido, vino la lluvia de proyectiles. Reaccionaron y se resguardaron. El enfrentamiento fue largo y desde su lugar podía ver a sus compañeros sucumbiendo frente a las balas y los explosivos. Cuando vio que no resistirían mucho tiempo, clamó: «Dios, te entrego mi vida, sácanos de aquí, y me retiraré de esto para servirte». Cuando llegaron los refuerzos aéreos, él se contó entre los pocos que sobrevivieron.

Cumplió su promesa y hoy sirve al Señor como pastor.

Apreciado joven, Dios tiene grandes planes para ti. No importa dónde estés ni a qué te dediques. Al igual que el protagonista de la historia de hoy, @Dios desea que sepas: «Nadie triunfa por la fuerza. Encomiéndame tu vida hoy». ¿Tendrás la valentía de hacerlo?

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