Lunes 18 Abril de 2022 | Matutina para Adolescentes | Terremoto y fuego

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Terremoto y fuego

“Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estabaen el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vinoun suave murmullo” (1 Reyes 19:11, 12, NVI).

Son poco más de las cinco de la mañana y estás acurrucado en tu cama cuando sientes que esta empieza a moverse. Abres los ojos y esperas ver a tu hermano pequeño agarrado al marco de la cama, con una sonrisa de oreja a oreja. Pero, no está ahí. En cambio, lo oyes llorar en la habitación de al lado. Saltas de la cama e inmediatamente eres arrojado contra la estantería mientras toda la habitación se mueve de un lado a otro. Entras a los tumbos en la habitación de tu hermano, donde los cuadros caen al suelo y los juguetes se deslizan por las estanterías; lo sacas de la cama y te quedas con él en la puerta de su habitación, esperando a que el movimiento aterrador se detenga.

Cuando el movimiento finalmente se detuvo en la madrugada del 18 de abril de 1906, 500 manzanas del centro de San Francisco estaban arrasadas. Los edificios se habían derrumbado, los escombros cubrían las calles y las tuberías de gas se habían roto. El temblor, que tuvo una magnitud de 7,7 a 7,9 en la escala Richter, causó daños por un valor de 400 millones de dólares (8.200 millones de dólares en la moneda actual). Y lo que es más importante: los cálculos actuales estiman que unas 3.000 personas fallecieron y 225.000 se quedaron sin hogar (más de la mitad de la población).

San Francisco se encuentra en el extremo norte de la falla de San Andrés, donde confluyen las placas subterráneas del Pacífico y de Norteamérica. La tierra en el lado del Océano Pacífico de la falla comenzó a moverse hacia el norte, en algunos lugares hasta 6,5 metros, y eso causó el terrible terremoto.

La ciudad de San Francisco todavía se tambaleaba por la horrible pérdida de vidas y la trágica destrucción generalizada, cuando el peor desastre natural del país fue seguido por una fuerza destructiva aun mayor: un incendio que arrasó con los restos destrozados. Posiblemente, con la ayuda de algunos cuyas pólizas de seguro cubrían incendios pero no terremotos, durante cuatro días, las llamas asolaron a la ciudad con dedos derretidos de humeante destrucción .

¿Qué causó realmente el terremoto y el incendio? Algunos quieren hacer creer que Dios estuvo detrás de ambos; después de todo, muchas pólizas de seguro hablan de los desastres naturales como “actos de Dios”. El texto de hoy dice que Dios no estaba en el terremoto que sacudió la tierra alrededor de Elías, ni tampoco en el fuego.

Aunque Dios tiene la capacidad de desatar fuegos artificiales que sacuden la tierra, su corazón no está en ellos. El corazón de Dios está en el suave susurro de su característica más poderosa: su amor.

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