Lunes 18 de Abril de 2022 | Matutina para Mujeres | Servicio secreto

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Servicio secreto

“Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mat. 6:3, NTV).

Las redes sociales se han vuelto una parte tan integral de nuestras vidas, que pareciera que lo que no se publica en ellas no existe. Si no subes una foto a Instagram, nunca escalaste esa montaña. Si no publicas un comentario en Facebook, tu relación no es oficial. Estamos tan condicionadas a vivir de esta manera, en el relato de la fama y la autoestima extrínseca de las redes sociales, que la invitación de Jesús nos parece extraña. Jesús nos llama a sumarnos al “servicio secreto”, a ser parte de un grupo especial de agentes que hacen el bien, sin publicarlo.

Booz fue un miembro del servicio secreto. Él quería ayudar a Rut y a Noemí, dos viudas pobres que habían regresado de Moab a Belén. Booz podría haberle dado un saco de cebada a Rut, en las puertas de la ciudad, frente a todo el pueblo, y así “matar dos pájaros de un tiro”. De esa manera, las viudas recibirían alimento, y él la admiración y la aprobación de los demás. Sin embargo, entre otros actos de caridad, Booz ordenó a sus trabajadores: “Déjenla recoger espigas aun entre las gavillas […] Además, arranquen de los manojos algunas espigas de cebada y déjenlas caer a propósito” (Rut 2:15, 16, NTV). Para no humillarla, Booz buscó una manera sutil de ayudar a Rut, lejos de las miradas de los curiosos. Al enfocarse en Rut y escoger un servicio secreto, Booz puso su recompensa en las manos de Dios: ¡una sabia inversión! En A Loving Life [Una vida amorosa], el escritor cristiano Paul Miller dice: “Los más grandes actos de amor casi siempre son ocultos. Pero Jesús nos dice: ‘No hay nada oculto que no vaya a ser revelado’ ”.

Para sumarte al servicio secreto debes creer que la aprobación de Dios vale más que la de los hombres. No te confundas; no se trata de ser menos ambiciosa, sino de tener una mejor ambición. Se trata de desear una corona incorruptible, no una de laureles mustios y secos. Craig Groeschel, en Struggles [Luchas], escribe: “Hazte esta pregunta: Al final de tu vida, ¿importará realmente cuántos ‘Me gusta’ recibiste? ¿Realmente crees que estarás un día en tu lecho de muerte y pensarás: Si hubiera recibido tres ‘Me gusta’ más en esa foto, hubiera alcanzado cien… y la vida hubiera sido tan buena?’ ” Cuando Jesús nos llama al servicio secreto no lo hace para darnos menos, sino mucho más. La vida no consiste en cuántos “Me gusta” recibimos, sino en cuánto amamos.

Señor, enséñame a amar con integridad y sacrificio propio, como tú lo hiciste. Quiero sumarme al servicio secreto. Quiero dedicar mi vida a servir.

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