Lunes 21 de Marzo de 2022 | Matutina para Adultos | Del “botín” participamos todos

Del “botín” participamos todos

“Del botín participan tanto los que se quedan cuidando el bagaje como los que van a la batalla” (1 Samuel 30:24, NVI).

Tratemos de imaginar la escena. David y sus soldados regresan a Siclag, la ciudad que Aquis, el rey filisteo de Gad, les asignó como refugio temporal contra la fiera persecución de Saúl. ¿Qué encuentran al llegar? Encuentran que los amalecitas han quemado la ciudad y se han llevado cautivos a las mujeres y a los niños (ver 1 Sam. 27:1-7).

Después de “llorar hasta que les faltaron las fuerzas”, los soldados de David buscan a alguien a quien culpar. Y ese alguien es nada menos que… el mismo David, a quien quieren apedrear. Sin embargo, mientras sus hombres hablan de apedrearlo, David cobra ánimo y consulta a Dios (1 Sam. 30:6): “¿Debo perseguir a esa banda? ¿Los voy a alcanzar? ‘Persíguelos –le respondió el Señor–. Vas a alcanzarlos, y rescatarás a los cautivos’ ” (vers. 8).

Dice la Escritura que David salió con sus seiscientos hombres, a perseguir a los amalecitas, pero al llegar al arroyo de Besor, “se quedaron rezagados doscientos hombres que estaban demasiado cansados” para cruzarlo (vers. 9, 10). Con los cuatrocientos que aún tenían fuerzas, David derrota a los amalecitas, libera a los cautivos, recupera todo lo robado, y además, toma un cuantioso botín. Entonces se presenta un incidente de lo más interesante: “Entre los que acompañaban a David había gente mala y perversa que reclamó: ‘Estos no vinieron con nosotros, así que, no vamos a darles nada del botín que recobramos. Que tome cada uno a su esposa y a sus hijos, y que se vaya’ ” (vers. 22).

Notemos la respuesta de David: “No hagan eso, mis hermanos –les dice–. Fue el Señor quien nos lo dio todo. […]. Del botín participan tanto los que se quedan cuidando el bagaje como los que van a la batalla” (vers. 23, 24).

“Fue el Señor quien nos lo dio todo”, dijo David. ¡Por lo tanto, todos hemos de participar del “botín” por partes iguales! ¿No suena eso a puro evangelio? Sea que prediquemos la Palabra desde el púlpito o que participemos en un grupo de oración detrás de los bastidores, todos participaremos del gozo de la salvación “por partes iguales”. ¡Porque es el Señor quien nos da la victoria!

Todos somos importantes en el pueblo de Dios: pastores, tesoreros, secretarias, evangelistas, maestros, enfermeras, médicos, amas de casa… y todos, por igual, recibiremos una corona inmortal.

Gracias, Señor, porque me has dado una obra que hacer en tu viña. No importa lo pequeña o grande que sea, quiero cumplirla fielmente, para la gloria de tu nombre.

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