Lunes 29 de Noviembre de 2021 | Matutina para Adolescentes | Sorprendida en el acto

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Sorprendida en el acto

“Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra” (Juan 8:7).

Nada describe mejor el carácter de Jesús, que la historia de la mujer sorprendida en adulterio. Presenta un enfrentamiento entre la ley entendida en un sentido legalista y el amor; entre la venganza y la gracia. Es una historia de sexismo, hipocresía y fanatismo; en contraste con el perdón divino.

Durante mucho tiempo, algunos eruditos pusieron en duda la veracidad de la historia de esta mujer, registrada en el capítulo 8 del Evangelio de Juan, porque las copias más antiguas del libro no la incluyen. Y cuando aparece, no siempre está en la misma ubicación. Algunas veces aparece al final del libro, otras unos versículos antes, y otras en el libro de Lucas. Pero, como Jon Paulien señala en La Biblia amplificada: el libro de Juan: “Este relato no fue una invención tardía. Era evidentemente conocido por la iglesia del siglo II. […] Evidentemente, la historia está basada en un acontecimiento real de la vida de Jesús, que fue recordado por muchas personas. […] Aunque no se incluyó en uno de los Evangelios originales, fue reconocido como un testimonio singular y auténtico de una enseñanza especial de Jesús. Quizá con la esperanza de conservar este testimonio, varios copistas cristianos lo agregaron a uno de los Evangelios canónicos. La ubicación que coloca el relato después de [Juan] 7:52 se convirtió en la más común porque el relato encaja bien en los capítulos 7 y 8, en un ambiente de controversia y debate en los cuales Jesús se niega a pronunciar juicio (8:15)” (p. 182).

Los “escribas y fariseos” afirmaban ser cumplidores de la ley, pero en esa ocasión solo trajeron a la mujer y dejaron al hombre en libertad, violando la ley de Moisés, que exigía apedrear a ambos infractores en caso de adulterio (ver Deut. 22:22). La verdadera intención de ellos era atrapar a Jesús. ¿Se atrevería a ir en contra de las leyes de Roma, que prohibían a los judíos aplicar la pena de muerte? ¿O iría en contra de la ley de Moisés, que ordenaba el apedreamiento? Pensaban que lo tenían acorralado.

Pero Jesús ignoró el complot y simplemente escribió en la tierra. Las palabras que escribió sirvieron para recordar a los presentes que ninguno de ellos estaba en posición de acusar a nadie.

Para cuando Jesús le preguntó a la mujer “¿dónde están los que te acusaban?”, todos habían encontrado una excusa para irse. Por supuesto, regresarían, pero no antes de que una mujer pecadora descubriera que el Juez estaba de su lado.

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