Martes 20 de Diciembre de 2022 | Matutina para Menores | Dios le dio a Guillermo más de lo que él pedía

Dios le dio a Guillermo más de lo que él pedía

“Y esta es la confianza que tenemos delante de él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).

Guillermo era un huérfano. Toda su vida había vivido en un orfanato, y soñado con ser parte de una familia. ¡Hasta le costaba imaginarse un hogar por dentro! Un día lo llamaron a la oficina de la directora del orfanato. Emocionado, fue para encontrarse con el Sr. Bleen, un hombre de mirada dura y manos como garras. ¡Y pensar que tendría que vivir con él hasta los 21! Mientras el carro los llevaba al que sería su “hogar”, Guillermo decidió hacer lo mejor siempre.

Al llegar a la casa, todo era tan malo como se lo había imaginado. No es que la casa fuese sencilla, sino que se veían la suciedad y el descuido por todas partes. Si esperaba recibir algo de cariño maternal, ciertamente no lo recibiría de la Sra. Bleen, una mujer perezosa y de mal carácter. Pronto se dio cuenta de que su misión allí era trabajar. Y trabajar duro. Comenzó a cuidar con esmero los animales, y hasta a veces cocinaba platos fáciles de preparar pero ¡muy sabrosos! La granja de los Bleen comenzó a mejorar gracias a Guillermo.

Si alguna vez había tenido dudas acerca de ir a la escuela, ahora desaparecieron. Cuanto más trataban los Bleen de desalentarlo con respecto a ir a la escuela, más decidido estaba Guillermo en proseguir sus estudios. A veces, tanto trabajo, mala alimentación y frío casi lo hacían desistir. Alguna vez, entre lágrimas, le dijo a Dios: “¿Por qué? Si realmente existes, ¡ayúdame! No he pedido mucho, pero quiero ser alguien en esta vida”. Y así, seguía adelante.

Fue en la Secundaria donde conoció a Carlos, y su vida cambió. Su amigo era adventista del séptimo día, y le enseñó acerca de la Biblia, de Jesús, del día de reposo. En la familia de Carlos, Guillermo aprendió lo que era un hogar. Luego de irse de la casa de los Bleen, decidió ir a estudiar y prepararse para servir a otros.

En el día de su graduación, tres cosas lo maravillaban: (1) había sido llamado para ser un misionero, (2) tenía su diploma en la mano, y (3) la chica más dulce del colegio había aceptado ser su esposa. ¡Qué feliz y agradecido estaba! Sin duda, Dios lo había oído dándole más de lo que había pedido.

Cinthya

(Adaptado del relato “Dios le dio a Guillermo… más de lo que él pedía”, de Josefina Cunnington Edwards, El Amigo de los niños, año 23, primer trimestre de 1970, N° 8-11).

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